Mi primer Danone es de estos productos que jamás de los jamases hemos tomado ninguno y aquí estamos tan contentos y tan felices, de por sí me mosquean. Quiero decir, cuando éramos pequeños los potitos eran un producto “de lujo”, pero su salida al mercado nació de una necesidad real: es un auténtico rollo tener que salir, según a dónde vas con las frutas preparadas de casa o las verduras con antelación porque si están sin frío se ponen feas. Además, para los viajes vienen de maravilla y realmente te sacan de un apuro. Pero no veo en absoluto la necesidad de crear un yogur específico para la primera infancia. No veo la demanda, y por tanto, la oferta me huele más a mercadotecnia que a otra cosa.

Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud, lo que recomienda es alimentar exclusivamente a los niños hasta los 6 meses únicamente con leche y a partir de ahí comenzar con la alimentación complementaria, que como tal, sólo tiene que complementar, no sustituir a la leche. Los yogures, por estar hechos de leche de vaca, cuya dificultad de digestión es real, no se recomienda empezar a introducirlos hasta el año.

Mi primer danone

No es que sea yo precisamente una defensora a ultranza de seguir a rajatabla las recomendaciones de la OMS, puesto que opino que cada niño es un mundo, pero como RECOMENDACIONES sí que me parecen muy válidas. En mi caso he optado por introducirle los sólidos antes ya que no le di pecho todo lo que me gustaría y mi pequeña es una tragona de padre y muy señor mío y lo consideré necesario. Punto pelota. Cada uno es libre de hacer lo que considere siempre y cuando sea una decisión consciente y meditada. Pero, refiriéndome a estos yogures en concreto, si antes ya me escamaba, después de leer que están pensados para niños entre 6 y 24 meses y contrastado con las recomendaciones de la OMS, pues me escama todavía más.

Diseccionando los yogures Mi primer Danone

No he cesado de leer en distintos foros de crianza natural muchas opiniones en contra de los mismos, refiriéndose a ellos como un “sacaperras”. Lo primero que hice fue mirar en la página web de Mercadona (por elegir un supermercado de los que suelo usar para hacer mi compra diaria) el precio de los mismos. Mientras que los yogures “Mi primer danone” cuestan en su formato de natural azucarado 2,95 € del ala cuatro unidades, los yogures griegos de la misma marca cuestan 1,95 € y los de marca Hacendado 0,95 €. Santo Dios. O sea, que sean buenos o no, es EVIDENTE que es un sacaperras, porque ya me explicaréis como se justifican más de 2 euros de diferencia respecto a un yogur de por sí de gama alta aunque de marca blanca como son los griegos de Hacendado. Qué barbaridad. Si voy a tener que trabajar exclusivamente para pagarlos!!! El precio es que me horroriza, me parece una auténtica sobrada.

Los he comparado con los griegos por no hacerlo con los yogures blancos normales de toda la vida, que son incluso más baratos. Leí en una opinión aquí que son los griegos los que usan en las maternidades, nada de utilizar los de “Mi primer Danone”. Si fueran tan imprescindibles, no dudo que precisamente en ese ambiente hospitalario tirarían de ellos y veo que no… Por otro lado, en lactmat he leído que Carlos González, gurú de un amplio sector de las madres como antítesis de Estivill y colaborador habitual de la revista Ser Padres (a mí me cae gordo, pero no es ese el tema), desaconseja totalmente su uso. Teniendo en cuenta que el buen señor es especialista reconocido en alimentación infantil, es otra cosa por la que yo desconfío. Ya os digo que yo no soy especialmente seguidora de él, pero es que son demasiadas las cosas que me hacen desconfiar de ellos, y esto no es más que otra gotita a sumar al vaso…

A continuación lo que he hecho ha sido comparar los aportes nutricionales del griego de danone y de “mi primer danone”, tomando como ejemplo el natural azucarado. Si me habéis leído en alguna otro post, sabréis que yo soy una defensora a ultranza de no dar a los niños ni sal ni azúcar. No es necesaria en absoluto y todo el mundo la desaconseja (de hecho, es lo primero que te dicen cuando te explican cómo tienes que preparar la fruta y la verdura, que las obvies, que ellos no las echan de menos y que traen muchos más perjuicios que beneficios). Si esto es así ¿por qué se empeñan en utilizarlo en la mayoría de los alimentos preparados para bebés, aunque sea en pequeñas cantidades?

La comparación la haré según los valores medios por cada 100 gramos (cada yogur tiene 125 g). En primer lugar pondré el valor del griego y luego el de Mi primer danone.

  • Proteínas: 3,9 g frente a 3,6 g (más o menos lo mismo)
  • Hidratos de carbono: 3,7 g (sin azúcares) frente a 10,5 g (de las cuales ¡¡¡4 gramos!!! son azúcares) Que me lo expliquen…
  • Grasas: 10 gr frente a 4,2 gr (bien)
  • Calcio: 122 mg frente a 136 mg

Además Mi primer Danone lleva vitaminas añadidas (aunque en cantidades irrisorias) y Fósforo y Sodio en una cantidad decente, además de otros aportes como el Hierro o Zinc que son bastante testimoniales.

O sea, que a cambio de introducir unos pocos elementos extras en cantidad puramente testimonial, elevan los hidratos de carbono hasta el infinito teniendo una barbaridad de azúcar.

No soy nutricionista, soy simplemente una MADRE, pero sigo sin verle una mejora sustancial respecto a un yogur mucho más barato. Es más, a mí lo del azúcar (ya os digo que soy un poco talibán con el tema), me echa bastante para atrás.

En su publicidad además, dicen que están hechos con “leche adaptada” y que son los únicos del mercado que lo hacen. Bien… esto estaría bien, sino me topara con un artículo de la OCU que dio pie a una posterior denuncia por publicidad fraudulenta que cito porque el link caducó y no se puede leer actualmente. Así que cito textualmente, extraído de una página que cita a su vez la fuente original. Gracias a Dios, ellos copiaron el texto y así no se ha perdido:

“Los pediatras también critican “Mi primer Danone”

En el número de abril/mayo de nuestra revista OCU-Salud publicamos una carta de un socio que nos consultaba sobre la conveniencia de dar a su hijo de seis meses un yogur especial para bebés como “Mi primer Danone”, en vez de un yogur normal, ya que ese yogur dice tener “leche adaptada” y a él le parecía que, desde el punto de vista de la nutrición, era más adecuado para un pequeño.

Tras analizar los nutrientes, nosotros llegamos a la conclusión de que “Mi primer Danone” no es sino una leche fermentada enriquecida con varias sustancias que, en principio, ya están presentes en la dieta del niño de 6 meses. Contestábamos a nuestro amigo que estos yogures especiales no le aportarán nada nuevo a su bebé, y a él le costarán mucho más caros que un yogur normal.

Y no somos los únicos que pensamos así: nos ha llegado una carta firmada por 22 pediatras de Atención Primaria en la que estos profesionales denuncian la, a su entender, engañosa publicidad que hace Danone de este producto. Estos pediatras indican que la afirmación “con leche adaptada” es interpretada por los consumidores, y también por algunos médicos, como sinónimo de “fórmula adaptada para lactantes”, lo que les induce a comprarlo pensando que es mejor que un yogur normal. El grupo de pediatras insiste en que no es así en absoluto, sino que el producto en cuestión está elaborado con la misma leche que se emplea para fabricar cualquier yogur, a la que enriquece con otras sustancias (entre ellas azúcar, algo que critican).

Para evitar que los usuarios se lleven a engaño, solicitan que se cambie la denominación “con leche adaptada” por “con leche enriquecida”, más correcta y ajustada a la realidad.

Foto: bebé comiendo yogur vía Shutterstock

En resumen

Todo esto empezó porque Mi Primer Danone me parecía abusivamente caro y quería saber si realmente existía una necesidad DE VERDAD de dárselo a mi hija. Por supuesto que si era lo mejor, y que si tenía unas ventajas superiores a cualquier otra cosa, pasaría por el aro, me ataría los machos y con mucho dolor de mi bolsillo se lo compraría. A la luz de todo lo que he podido leer, considero que su compra es totalmente innecesaria y que se aprovechan de que los padres no escatimamos por el bien de nuestros hijos.

Así que ni Danone, ni griego, ni Hacendado: esta mañana me he comprado una yogurtera y así sé seguro segurísimo qué es lo que come mi hija. Sé que estará bien alimentada y que ESO SÍ que será lo mejor que pueda darle.

Así que por las noches a hacer yogures toca.

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