jueves, octubre 17, 2019
Bebés Usar un fular: cómo iniciarse en el porteo

Usar un fular: cómo iniciarse en el porteo

Hoy quería hablar de mi experiencia con los fulares para llevar a los bebés porque realmente es algo que me ha ayudado un montón en esta segunda maternidad. Usar un fular es una de las cosas que más disfruto del mundo.

Conocí los fulares gracias a un par de amigas mías de mi foro que tuvieron a sus segundos bebés antes que yo. Ellas son miembros de Redcanguro , un foro cuya filosofía es “compartir el placer de llevar pegados a nuestros hijos” y fomentar el uso de los portabebés en sus distintas expresiones. Estaban entusiasmadas con sus experiencias, fundamentalmente con los fulares en aquellos momentos, y yo me moría de la risa porque parecían poseídas por el afán de coleccionar trapos. Entendedme; era una risa de amigas porque a mí me parecía tan ricamente que llevaran ahí a sus hijas… lo que pasa es que a veces me recordaban a otra amiga que siente fascinación por los zapatos y parece Imelda Marcos. Pues esto era igual, pero con fulares. Era muy cómico oírlas hablar entre ellas porque se referían a los fulares por sus marcas, el nombre del modelo y luego entre medias de la conversación hablaban de otros portabebés con nombres de lo más curioso tipo podaegi, ombuhimos, mei tais… Así que las que estábamos alrededor no entendíamos ni papa de la conversación. Es como todo. Todos tiene su jerga específica y esto no iba a ser menos. Pero visto desde fuera era divertidísimo.

Usar un fular
Foto: Bebé en fular vía Shutterstock

Como yo no quiero escribir y que no sepáis de qué estoy hablando, prefiero hacer un parón y explicar qué narices es un fular. Básicamente es un trozo de tela muy largo (entre 4-5 metros habitualmente) que mediante cruces y nudos permite llevar a los bebés y niños encima firmemente sujetos de manera muy cómoda.

Yo no soy, ni de lejos, una experta. Ni siquiera soy una usuaria avanzada. A mí me sacan del nudo que hago todos los días y me han hecho polvo. Ni siquiera consigo diferenciar entre una marca y otra, entre un tipo de fular y otro. No podría explicar si es mejor un dydimos o un hoppediz (dos fabricantes), o simplemente cuáles son sus diferencias (porque en el fondo, yo creo que depende mucho de gustos). Así que si vosotras sí que lo sois, notaréis que esto que escribo es algo totalmente de andar por casa. Es mejor hablar con gente que realmente entiende, que pueden hablaros de cómo usar un fular en condiciones. No pretendo dar una charla magistral sobre fulares porque sería de risa. Pero tal vez ayude un poco a quienes no tienen ni la más remota idea de lo que es este mundo, como una iniciación.

Cuando nació Mencía, mi hija pequeña descubrí rápidamente que no tenía nada que ver con su hermana mayor. Aldara fue una niña muy fácil y cualquier cosa le venía bien. Pero Mencía tenía muy claro lo que quería y como. Sus tres primeros meses fueron como para abrirse las venas. No hacía más que llorar y comer. La única forma de que dejase de llorar al principio era ponerla al pecho. Y en cuanto terminaba, otra vez un rosario de lloros. Yo estaba desquiciada por completo.

Y entonces comencé a usar el fular. Tendría ¿10 días?. Fue ponerla ahí e inmediatamente dejar de llorar. Se calmó y tres segundos más tarde estaba durmiendo como una bendita. ¡No me lo podía creer! Eso que me parecía un milagro se convirtió en una pauta. Cuando estaba más atacada la ponía en el fular y se habían acabado sus problemas. Lógicamente, no podía tenerla en él todo el día, ni podía dormir con él ¡si no, os juro que lo hubiese hecho! Aquello era una maravilla. Ahora Mencía tiene casi 6 meses y las cosas han mejorado mucho. Aún así, sigo utilizando el fular a diario porque a ella le encanta y a mí también. Lo que pasa es que así como antes era ponerla ahí y caer frita en cero coma, ahora cuando la llevo no cierra el ojo así la maten ¡con la de cosas que hay que ver! ¡Qué le vamos a hacer, me ha salido maruja! Pero la puedo llevar al fin del mundo, que no hay niña. No protesta, se porta fenomenal. Hay momentos en que, os lo juro, casi se me olvida que la llevo encima de lo tranquilísima que está. ¡Mi hija, que es puro nervio!.

Así que cómo no recomendarlo. Siempre digo que me ha salvado la vida, y lo digo completamente en serio. Anda que no me ha ayudado…

Usar un fular
Foto: Madres con fular vía Shutterstock

PREGUNTAS QUE SUELEN HACERSE

¿Y eso tan largo…? Tiene que ser muy complicado manejarse.

Parece mucho más difícil de lo que es. Es verdad: al principio ves semejante cantidad de tela y agobia bastante porque parece que no te vas a poder hacer con ella. Pero es bastante fácil y no requiere ser una supermujer (o un superhombre, que algunos también los usan), ni especialmente mañosa para llevar a un bebé bien amarrado. No digo yo que hacer ciertos nudos sea sencillo, pero yo hago uno (porque de momento con ese me apaño tan ricamente) y ya está. Cuando lo haces del orden de 3-4 veces al día, a los dos días consigues hacerlo rápidamente y con seguridad. Lo importante es vencer el miedo y ponerse. Es mucho más fácil hacerlo que explicarlo.

¿Y no se caen los bebés?

Pues es materialmente imposible. Cuando te lo anudas se suele cruzar el fular por debajo de sus piernecitas de forma que si lo viésemos desde abajo veríamos una especie de aspa, una pierna en un agujero y otra en el otro. El niño no está en el aire. Está apoyado sobre la tela y además está sujeto por varias vueltas de tela. Si se cae, es McGyver. Ni siquiera cuando lo estás colocado es viable que se caiga. A una mala (muy mala, malísima) cuando lo estás sujetando y todavía no le has pasado la tela bajo las piernas, lo que puede pasar es que se escurra. Pero no cae a bulto… va cayendo suave suavito y muuuuuuuuy despacio. Así que salvo que no tengas ningún tipo de reflejos es complicado que el bebé acabe en el suelo. Y lo digo porque lo he probado.

Uf, te vas a dejar la espalda… ¿todavía puedes llevarla encima? te tiene que doler mucho

Esto es lo mejor de los fulares. Con Aldara tenía una mochila (la Babybjorn famosa) con la que en cuanto empezó a pesar me dejaba la espalda. No mentiré; Aldara era una niña más bien grande y Mencía es más bien pequeña. Pero aún así. El fular te envuelve y te sujeta. Vas… como fajada. El niño va muy pegado a ti, de manera que es mucho más ergonómico. Sientes la espalda increíblemente sujeta y tienes que adoptar una postura muy correcta. No puedes ir encorvada porque el fular te obliga a ir derecha, en una postura natural. El peso se reparte por toda la espalda, de manera que, como he dicho antes, se te puede hasta olvidar que llevas al bebé encima. Es INCREIBLEMENTE más cómodo que llevar el bebé en brazos a pelo. Alguna vez que se me ha olvidado el fular y he tenido que llevar a Mencía encima cuando acompaño a la mayor al cole he vuelto baldada. Me dolía todo, pese a que no es mucho el camino. Con el fular eso no me pasa. Si la llevo mucho tiempo encima lo que me duelen son las piernas porque al fin y al cabo es como pesar 7 kilos más, pero estoy hablando de MUCHO tiempo y después de caminar un buen rato.

Y la niña ¿va bien ahí?

Si os soy sincera, a mí no me suelen preguntar. Me suelen afirmar que ella ahí es donde mejor está, que se la ve feliz de la vida. Todavía no me he encontrado a impertinentes que me miren mal y que me digan que ¡cómo puedo! llevarla ahí. Al revés; todos los comentarios son muy positivos. Eso sí, el espectáculo lo voy dando porque se te queda mirando todo el mundo. Pero a mí me da un poco igual.

Con Mencía, como he dicho, ha sido mano de santo. Ella supo desde el minuto cero que ahí es donde quería ir. Calentita, oyendo el corazón de su mami. Si ahí no se calmaba, no se calmaba en ningún sitio. Era lo más parecido a estar dentro de mi tripa. El bamboleo la tranquilizaba y también la cansa, con lo que los días que la llevo mucho en el fular yo noto que duerme mejor. Al fin y al cabo a mí me recuerda a ir a caballo, que el sube-baja tiene que agotar.

Antes se dormía y la arropaba con el fular poniéndole más capas por encima, cubriendo incluso su cabecita. Ahora lo cotillea todo desde arriba.

Y es perfecto porque a la altura a la que está viene divinamente para comértela a besos cada vez que te apetece.

espalda de fular
Foto: espalda de fular vía Shutterstock

¿Nunca utilizas el carrito?

Esto depende de cada uno. Yo personalmente no creo que sea incompatible lo uno con lo otro. Hay gente que prescinde por completo del carrito y otra que lo alterna. En mi caso, si voy yo sola suelo usar el fular porque me resulta más cómodo. Si tengo que utilizar el transporte público ni me lo pienso: tengo las dos manos disponibles, no tengo que ver malas caras por subirme al autobús con el cochecito y rara es la vez que no me ofrecen sentarme. Que suelo rechazarlo, por cierto, porque no me hace falta, pero se agradece. Cuando voy con las dos niñas me resulta más práctico llevar a Mencía encima y tener la mano libre para dársela a la mayor.

Pero otras muchas veces tiro de carrito porque Mencía ahora en el fular se duerme menos y a veces prefiero que se eche una siestecilla. Su padre y sus abuelos utilizan el cochecito. Si voy yo, suelo llevarlo siempre dobladito en la cesta porque a veces se pone muy pesada y me la pongo ahí.

Creo que no conviene obsesionarse: a mi modo de entender hay que hacer lo que resulta más cómodo en cada momento y ya está.

¿Y esto dónde se compra?

Existen tiendas físicas, pero sólo en las grandes ciudades y pocas. Lo más fácil y lo que hacemos la mayoría es comprarlos por Internet. Podeis comprarlos nuevos, o incluso de segunda mano. Que no es broma, no es mala idea. Primero porque un fular es caro (son telas muy resistentes y no vale cualquiera… aunque lo hiciéseis vosotros el ahorro no es excesivo) y segundo porque un fular nuevo necesita ser domado para quitarle el apresto y que quede más blandito y amoroso. Si te lo compras de segunda mano esos días en que está tan tieso y es incómodo te los ahorras y la gente suele cuidarlos bastante.

Si queréis un fular de segunda mano, podéis mirar en Ebay o en la misma RedCanguro, donde tienen un apartado para lo que ellas denominan «trapicheos», que consiste en intercambios, ventas de segunda mano etc.

Si lo queréis nuevo, podéis comprarlo en multitud de tiendas online. Aquí me vais a permitir que barra para mi casa. Me he hartado de decirle a mi compañera de blog y sin embargo amiga Marta González que haga el favor de poner un banner a su tienda online o que escriba un artículo, pero no se anima. Así que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, pues os la recomiendo yo y con conocimiento de causa porque soy clienta suya.

La razón por la que os quiero recomendar MisCanguritos, su tienda online, es porque lo puedo hacer con toda la tranquilidad del mundo. Marta, además de ser una buena amiga, es una de las personas que más admiro porque lo mismo te cose un huevo que te fríe un botón. Cuando algo le apasiona se empapa de conocimientos y se convierte en toda una experta en cuatro días. Le pone tanta pasión a las cosas que es una auténtica gozada. Así que yo estoy encantada de mandarle a la gente que me pregunta por los fulares porque sé que están en buenas manos. Marta tiene la delicadeza de compartir sus extensos conocimientos sobre los métodos para portar bebés y recomendar lo más apropiado para cada persona y para su presupuesto. Si quieres usar un fular, Marta es tu chica.

En su tienda podéis comprar fulares de distintas marcas o incluso haceros con alguno de los portabebés que ella cose a mano a vuestro gusto. Yo tengo un mei-tai suyo y es una auténtica preciosidad.

Walewskahttp://www.mamisybebes.com
Madre de dos niñas. Gafapastas. Cuqui de barrio. Me gusta tomarme la vida con humor. Cuando tengo un rato libre me abro un blog. Escribí Relaxing Mum of café con leche. Me gusta andar descalza, creo que los postres sin chocolate no son postres y soy compulsiva en todo lo que hago.

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