jueves, septiembre 19, 2019
Maternidad Costumbres porculeras de mis hijas

Costumbres porculeras de mis hijas

Yo he tenido dos hijas y he tenido también dos maternidades muy diferentes, que no tienen demasiado que ver. La primera, en esta tómbola del mundo que es la maternidad , me tocó el gordo: niña buena no, lo siguiente, que comía fenomenal, dormía estupendamente y encima era simpatiquísima. Una monada (en esto soy su madre, no pretenderéis que sea objetiva), y muy fotogénica según dice todo el mundo, así que encima tengo unos álbumes que son maravillosos para recordar mi maravillosa maternidad.

Niña en columpio

Pero luego vino el Tío Paco con las Rebajas y en la siguiente ruleta rusa nos tocó Mencía, que sigue siendo una monada (sigo siendo su madre, así que objetividad cero), algo menos fotogénica (esto también como con la anterior “es lo que es”) y puñetera como ella sola. Ahora en casa la conocemos como “Apocalipsis”, no os diré más.

Aldara siempre ha sido una niña muy buena. No demasiado cariñosa (o al menos no tanto como nos gustaría, especialmente a mí, que soy una especie de lapa), pero muy obediente, responsable y muy mayor de cabeza. A veces parece que se ha tragado un abuelo. Es una cría con la que da gusto.

En cambio Mencía es una cabra loca integral. Lo que, dicho sea de paso, y sin que ella me oiga, tiene su encanto. Fue una gaita cuando era un bebé porque casi consigue desquiciarnos a todos con esos lloros a volumen de bafle de discoteca en el oído, pero ahora que se ha moderado nos partimos con ella. Está hecha un auténtico bicho y tiene unas cosas geniales. Como decimos, es que no tiene idea buena… así que nos reímos a hurtadillas porque no es plan de estar riñéndola y partiéndonos al mismo tiempo. Ahora resulta que a la tía no sólo no le importa ir a la cuna a pensar ¡es que no quiere que la saques! Con lo cual, ya me contaréis qué gracia tiene castigarla ahí, si la melona de ella se lo pasa teta. Educativo… poquito. Pero es que tiene no llega a año y medio y a veces tenemos la sensación de que nos toma totalmente a chufla. Le decimos que no se suba en la mesa y ella, erre que erre. Le decimos que no apague la televisión, y el mico ahí, dándole al botón para cabreo de la otra. Y no penséis que pasamos, no. Todas y cada una de las veces ponemos cara de Emilio Aragón cuando intentaba ponerse serio y le decimos que no se hace. Y la tía pasa totalmente de nuestro culo. Como aquel que oye llover. ¿Y qué hago? ¿La mato o la dejo? Pues ahí estamos en nuestro tira y afloja particular.

Algunos dicen que tiene muy mal genio. Yo prefiero decir que es carácter fuerte, quizás porque me tuve que oír las mismas cosas de cuando era pequeña y me saben a cuerno quemado. La verdad es que como bebé es una gaita gallega que tenga semejantes bemoles, pero así entre nosotros os diré que mejor le va a ir en la vida si sabe defender lo suyo con uñas y dientes. Se lleva tres años con su hermana y a veces le puede. No os diré más. Y nosotros estamos ahí intentando mediar entre las dos porque claro, Aldara no puede ceder siempre por que la otra sea un mico. ¡Ni hablar! Porque la mayor además es muy buena, pero no se deja achantar tampoco.

Mis hijas tienen cosas en las que se parecen mucho y otras tantas en las que no se parecen en nada. Mencía es totalmente indestructible. Se puede caer trescientas veces y darse unos golpes de la leche que no llora más que cuando le duele el orgullo. En cambio la mayor se hace un rasguño y ya la tienes buscando cariñitos. Mencía es mucho más de besos y achuchones que Aldara, que pasa un “puñao” de que la sobiqueen (salvo la espalda ¡eso sí que se deja!), pero en cambio en general es mucho más independiente la pequeña que la mayor a la que le gusta tenernos cerca casi siempre. En realidad, vienen a ser dos formas de demostrar lo mismo. Ambas nos necesitan, aunque sea de distintas maneras.

Pero yo venía a hablar de una de las puñeteras costumbres de Mencía sobre todo porque resulta bastante molesta. Menita come como una lima, no tiene fondo. Pero dormir ¡ay dormir! Junto a Aldara puede caer una bomba que no se entera de nada, pero para esta pequeña cualquier excusa es estupenda para darnos una noche toledana. Pueden ser los dientes, que tenga mocos, un resfriado, que esté nerviosa o equis. Da igual. Por hache o por be, podemos contar con los dedos de una mano las veces que hemos dormido del tirón.

Yo hace días que me rendí a la evidencia y paso de todo. A mi marido le costó más, pero ahora también se ha resignado y cuando se pone “porculera” nos la traemos a la cama a ver si así conseguimos dormir todos un poco. Hasta ahí bien. No hace demasiado esto era mano de santo, se trapiñaba su biberón (¡bendita teta, con lo cómodo que era por las noches, cagüentó!) y caía hasta la siguiente vez que se despertaba, que podía tardar entre cero y mil. Pero al menos caía. El problema es que ahora tiene la j…….. puñetera costumbre de, para dormirse comenzar a meterme el dedo por la nariz, la oreja o lo que pille.

Y claro, no es que meta el dedo una vez y ya está ¡no! Es que pretende llegar hasta el cerebro. Y la otra erre que erre. Yo me giro, le hago la cobra para intentar que mi cara no quede a su alcance, pero la tía es dura y persistente. ¡Le da lo mismo que le quites la mano! Al final me tengo que cabrear y mandarla a escaparrar, pero la verdad es que es una auténtica lata.

No es porque no haya dormido conmigo. En la práctica hemos colechado mogollón de tiempo, no tanto por convencimiento, sino básicamente porque era lo más cómodo. Así que a estas alturas debería estar más que acostumbrada. ¡Si hasta hace nada era tan genial! Nos acurrucábamos las dos, la abrazaba, le daba besicos y hala, a dormir. Pero ahora no. Ahora me quiere trepanar el cerebro con sus deditos.

No termino yo de entender qué obsesión tiene esta mujer con los agujeros corporales. Y no penséis mal, es que también nos tiene fritos con el ombligo, parte del cuerpo que la tiene completamente fascinada. No puede ir sin body porque luego me sale de la guardería con el ombligo completamente colorado de tanto sobe. Y a su hermana la tiene literalmente frita. Es que en cuanto ve que lo tiene expuesto (algo que no es tan raro porque Aldara me ha salido con tendencias nudistas y a lo que me descuido va con el culo al aire) ¡raca! Si el cerebro nos lo quiere trepanar, en el ombligo cualquier día de estos nos hace una apendicetomía. O eso, o le sale el dedo por el otro lado. Menos mal que Aldara sobre todo (y yo un poco menos) no es nada exquisita con el ombliguillo porque hay mucha gente a la que le da grima el tema.

Esta pequeñaja… a ver si se le olvidan estas manías porque es terrorífico y va a acabar con nosotros ¡sobre todo conmigo, así no hay quien duerma!

Foto: donnierayjones via photopin

Walewskahttp://www.mamisybebes.com
Madre de dos niñas. Gafapastas. Cuqui de barrio. Me gusta tomarme la vida con humor. Cuando tengo un rato libre me abro un blog. Escribí Relaxing Mum of café con leche. Me gusta andar descalza, creo que los postres sin chocolate no son postres y soy compulsiva en todo lo que hago.

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