Yo lo aviso (y el que avisa no es traidor): este post es de “groupie” total. ¡Y es que no puede gustarme más lo que hoy os voy a presentar!

Os pongo en antecedentes: la que aquí está dándole a la tecla es aficionada a la fotografía. Léase por aficionada, que soy la más pesada del mundo mundial con las fotos y desde que tengo hijas he encontrado a quien torturar. Primero con una cámara compacta, y después de probar lo genial que era utilizar una reflex, con una que le pedí a los Reyes y que a estas alturas está más que amortizada. Yo no tengo ni idea, pero la cámara ha salido buenísima y saca unos colores divinos poniéndola en automático, que es a lo más que llego. O sea, aficionada, pero de las de “yo tengo cien pesetas y mucha ilusión”. De esas.

Pero yo me pongo el mundo por montera. Lo importante es torturar, digo, retratar a las niñas. Por lo menos he tenido suerte de que me han tocado niñas fotogénicas y yo no sé si es porque las pobres se han criado con eso o porqué, pero hasta se dejan hacer fotos. La familia que fotografía unida, permanece unida. Así que de estos cinco años de madre tengo fotos de todo pelaje. Las típicas de todo el mundo, y también las de “oh-dios-mío-a-mamá-le-ha-dado-por-ponerse-creativa”. Esas son las peores. Creo que mis hijas cuando sean mayores me van a matar. Las tengo retratadas metidas en la lavadora, vestidas de ejecutivas (y en body), vestidas de mariquitas y nuestro reportaje estrella, el de aquel día en que siguiendo la tradición familiar metimos a Mencía en una olla.

A esto me refiero

Vamos, madre de las de juzgado de guardia. Lo sé.

Por eso cuando veo cosas como las que hacen mis paisanos de Silver Moon me hacen los ojos chiribitas y directamente alucino en colores.

Me faltan adjetivos (y eso que yo no soy precisamente parca en palabras) para definir lo precioso, bonito, ideal y así hasta el infinito y más allá de su trabajo. La ternura que despierta este bebé es LO MÁS.

¡¡¡¡Y aún me dicen que me siguen y que son admiradores de mi blog!!!!! es como si Valentino le fuera a mi madre a decir que admira sus vestidos. ¡¡¡Ojiplática me quedé!!!

Me cuentan que empezaron haciendo fotos de bodas (podéis echarle un vistazo a las cosas que han hecho aquí, y yo de vosotros lo haría) pero que ahora sus clientes han pasado al siguiente nivel y ahora quieren fotos de sus hijos ¡Y no me extraña! ¡Yo también! Y las cosas que hacen son así de delicadas y preciosas. Cada sesión de fotos es como una coreografía en la que se intenta molestar lo menos posible al bebé, despacito, sin prisa… Y claro, luego es el resultado como es. ¡Increible!

Son de Zaragoza, pero han trabajado en toda España y han recibido premios de fotografía por su trabajo ¡y no me extraña! Ahora desde su faceta de padres se nota que además tienen una especial sensibilidad para los pequeños.

Yo me quito el sombrero totalmente ante vosotros. Espero que sigáis teniendo tanto éxito como hasta la fecha porque realmente estáis llenos de talento.

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