Bugaboo Cameleon plus      

Es impresionante como algo que SABES que va a pasar, que es cuestión de tiempo, que ya está en la edad, te puede pillar con el pie tan cambiado. Aldara, mi hija mayor, con ocho años, está preadolescente perdida. O como diría María de Compritas para los peques, pre-insoportable. Y yo lo llevo entre muy mal y fatal.

Ella no tiene la culpa: son las hormonas. Mi hija está creciendo a pasos agigantados. Primero tuvimos que dejar atrás el momento bebé, pero no nos dimos mucha cuenta porque bastante ocupadas andábamos intentando sobrevivir a Mencía que vino pisando (y llorando) muy fuerte. Luego empezó a ser una niña y también sin estar preparada para ello veo que estamos dando el salto a algo nuevo. Sin que nadie me pregunte si estoy preparada o no.

Y ya os digo yo que no lo estoy.

La preadolescencia me va a matar.

preadolescente

Aldara ha sido (y en el fondo es) una niña fácil. Fue un bebé extremadamente tranquilo, con carácter, pero muy manejable. Es una niña cariñosa, muy inteligente, y tan responsable que cuando los demás no hacen lo que tienen que hacer se pone de los nervios y se vuelve una mandona. En esas ocasiones digo, medio en broma, que mi hija me cae mal porque no es una niña, es una pequeña sargento. Pero no es desobediente, es de querer saber el porqué de todo y esto es así porque a veces mi hija parece que se haya comido a un abuelo. Siempre ha sido una niña más mayor de lo que le correspondía por edad biológica así que no sé cómo me ha pillado a mí esto tan con el pie cambiado.

Quizás es porque nunca nadie está preparado para pasar de ser la reina buena de los cuentos a ser la bruja con verruga. Y tampoco estás preparada para ver a tu princesa de la boca de fresa convertirse en un ogro.

Shrek Fiona Warrior
Mi hija, que ha mutado.

Y diréis ¡Fiona no es mala! Es cierto, no lo es. Yo no he dicho que mi hija sea mala. Digo que está insoportable. Mi hija está pasando por esto que hemos pasado todos de estar incómodos en nuestra piel. De que todo nos moleste. De que no haya NADA bien. De que todo tenga un problema, de que no haya nada que nos guste. Aldara protesta por todo. Quizás me choca más porque mi hija ha sido siempre una niña muy sonriente y feliz, y verla huraña y siempre con el gesto torcido es algo que llevo mal.

Porque sí. Mi hija bastante tiene con lo que tiene. Todos sabemos lo que son estos años. La que tiene un problema soy yo. Yo soy la adulta, la que tiene que pensar “Soy un tronco de bambú hueco” o “un, dos, tres, yo me calmaré, todos lo veréis”. Porque en esos momentos en los que “el mundo está en mi contra”, lo que te saldría es o bien darle un bofetón o bien salir a la terraza a pegar cuatro gritos. Yo, que no soy ni de bofetones ni de gritos y que creo que la violencia nunca es la solución. Pero claro, no lo haces. Y piensas que debajo de esa hosquedad está tu niña, tu amor, el cariñito que en el fondo se muere porque le hagas cosquillas y que lo único que le pasa es que se está haciendo mayor. Que no sólo es ley de vida, sino que tú QUIERES que tu hija sea una adulta con las herramientas para ser feliz y que no esté pegada a las faldas de su madre.

Todo eso lo sabes. Pero qué jodidamente difícil es.

supermamafeliz15

Estos días de pura crisis me estoy acordando mucho de Pilar Fernández, la coach que nos dio el taller de inteligencia emocional en el último #supermamafeliz de Coca Cola. Fue una experiencia realmente maravillosa. Yo soy muy fan de este tipo de talleres y del concepto inteligencia emocional porque creo que nos enseñan a enfrentarnos a las cosas que nos suceden en la vida de una manera más poderosa, sin hacernos tanto daño.

Conocer nuestras emociones y ponerlas sobre la mesa nos permite acercarnos a la realidad de una manera más sensata. A mí me está ayudando mucho a la hora de enfrentarme a este momento que estoy pasando. No es que crea que ya lo tengo hecho, pero precisamente quizás el asumir que es complicado y que unos días me saldrá y otros no, es bueno para todos. También me ayuda a no culpabilizar a mi hija. Que la regalaría al primero que pasase en ocasiones, sí. Pero reírme de ello me ayuda a quitarle hierro al asunto y no hacer una montaña de algo que, básicamente, se cura con el tiempo.

como hablar para que los adolescentes escuchen y como escuchar para que los adolescentes hablen

Recomendaros dos libros de Adele Faber y Elaine Mazlish: Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen y su versión para adolescentes. El primero lo tenemos y lo estamos leyendo, pero pronto caerá la versión adolescente. Lo que cambian las cosas de navidades a esta parte, la verdad creí que me faltaba todavía (ilusa de mí, no escuché las señales)

También recomendaros vivamente los talleres de Pilar Fernández porque están maravillosamente. Ella es encantadora, de estas personas que con su sonrisa alegra el mundo y sales con las pilas cargadas, así que merece la pena sin dudarlo.

Os dejo aquí el vídeo con la experiencia ¡fue una pasada! Muchas gracias a Coca Cola por experiencias tan enriquecedoras como éstas ¡Me encanta ser una #supermamáfeliz!

Más información: Página web de Pilar Fernández

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3 Comentarios

  1. Ayyyy como me ha molado el vídeo y sobre todo veros “en vivo”. Tanto me ha gustado que hasta me he enocionado de verte, Sara.

    La verdad es que nadie nos da o nos puede dar, unas pautas para tratar a nuestros hijos. Yo también se que mis chuiquirrines se están haciendo mayores y me da un miedo atroz. Sobre todo lo de las amistadesy lo de salir de marcha. Cada día hay más peligros.

    Un besito cariño. Que me he alegrado mucho de verte.

  2. Me ha encantado el post Sara, muchas gracias por la mención y sí, te doy la razón la adolescencia es una etapa que nos plantea un gran reto como madres, entenderlo supone profundizar en nosotros y desarrollar los mejores recursos que vienen de la mano de la inteligencia emocional, desde nuestro cambio afrontaremos mejor el cambio de nuestros hijos.
    Ya veo que estás leyendo el libro de Adele Faber que os comenté, es una maravilla y te propongo que lo lleves a la practica de principio a fin, verás que las cosas son más fáciles de lo que creemos.
    Estás invitada a venir a mis curso presencial de inteligencia emocional que ofrecemos gratis en Madrid a primeros de Octubre, te lo recordaré no obstante ya que sería un placer tenerte.

    Un abrazo fuerte,

    Pilar

  3. Como te comenté, suerte y paciencia, yo, como la tuya, fuí una nena muy tranquila, sensata y madura y una preadolescente y adolescente terrible e insoportable. Quizás el ser muy reflexiva complique más aún esta etapa en la que te planteas la visión del mundo entero pero aún no cuentas con herramientas suficientes para ello. Mi madre cuando perdía los nervios (bueno, cuando yo hacia perder los nervios a mi madre) me decía siempre “ojalá tengas una hija que sea como tú y verás lo que es bueno”. Me encanta tener chicOs. Jejejeje.

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