Cuando nos decidimos a tener hijos todos solemos pensar que va a ser facilísimo: estamos acostumbrados a ver en las películas embarazos no deseados fruto de relaciones de una noche. Y es que la fertilidad es así; es posible quedarse embarazada a la primera pero también lo es que nos cueste y tengamos que acudir a técnicas de fecundación como la inseminación artificial.

Que nos cueste quedarnos embarazadas puede deberse a motivos muy diversos. Por un lado está el hecho de que cada vez abordamos la maternidad de manera más tardía y las posibilidades de concebir de manera natural un bebé cuando hemos pasado la barrera de los 35 años empiezan a decrecer a un ritmo alarmante. Es posible que no tengamos ningún problema, sí, pero la reserva ovárica por lo general puede darnos más de un problema. Un consejo: ¡preservad vuestra fertilidad con la vitrificación de óvulos cuando todavía estáis a tiempo!

Aunque seamos más jóvenes esto no nos libra de que podamos tener problemas en la ovulación o en el cuello uterino. Y por supuesto, en el lado masculino, puede que el esperma tenga poca movilidad o baja calidad. Pero otras veces las dificultades para concebir son de origen desconocido: es decir, no se consigue el embarazo y aparentemente está todo bien. Para estos casos y para mujeres que quieren ser madres solteras o que tienen una pareja de su mismo sexo, la inseminación artificial es una muy buena opción. En algunos casos tendremos que acudir a la donación de esperma o de óvulos.

Test de embarazo positivo. Inseminación artificial

¿En qué consiste la inseminación artificial?

Desde el primer tratamiento de este tipo, realizado en 1790 por John Hunter a la pareja de un rico comerciante con hipospadias, la ciencia ha avanzado mucho hacia unos mecanismos más sofisticados y con mayores resultados.

El procedimiento consiste en colocar en el útero de la mujer los espermatozoides del hombre previamente seleccionados. Para aumentar las posibilidades de éxito, se realiza la llamada estimulación ovárica, con la que se busca conseguir que la mujer produzca más óvulos, ya que naturalmente sólo produce uno por cada ciclo menstrual. También es importante que por lo menos sea permeable una de las trompas de falopio. El semen debe tener también una concentración mínima de espermatozoides, por eso se prepara y se seleccionan aquellos con más movilidad para que la muestra sea óptima. Tras la preparación, se depositará en el interior del útero, donde si todo sale bien empezará la gestación del feto.

inseminación artificial

La inseminación artificial no es lo mismo que la fecundación in vitro. Para que os hagáis a la idea, la inseminación artificial consiste en procurar las condiciones que habría en un coito pero normal. Nos aseguramos que haya óvulos, colocamos el esperma de buena calidad bien cerquita y esperamos que suceda el milagro de la vida. En cambio en una fecundación in vitro juntamos óvulo y esperma fuera, y después se inserta el embrión en el útero de la mujer. En la inseminación artificial lo que se inserta es el esperma, no un embrión.

La inseminación artificial no siempre funciona y es algo para lo que tenemos que estar mentalizados. Es un proceso duro en lo físico (sobre todo por la estimulación ovárica y el aumento de las hormonas) pero sobre todo en lo mental, así que la mejor recomendación que puedo haceros es que os rodeéis bien, que no lo paséis solos y que os pongáis en manos de profesionales en los que confiéis. Si os encontráis en un proceso como éste os deseo mucho ánimo.

Fotos: Pexels y Flickr

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