Cuando eres una persona a un libro pegada lo que más deseas del mundo no es que saque tus ojos o la nariz de tu marido. Una de las cosas que más ilusión te hace es que tus hijos sean lectores. Alguna vez he oído a gente no lectora (obviamente) “que no les les regalasen más libros a sus hijos que tenían muchos, suficientes”. Para una persona lectora no hay nunca libros suficientes y nunca es bastante. ¡Una casa necesitaría yo para tenerlos y no tendría bastante! Y por eso cuando leo los artículos sobre cómo hacer que tus hijos sean lectores pienso que siempre se simplifican mucho las cosas. Con perdón.

Porque ya os digo yo que recetas mágicas, pocas. Lo he hablado alguna vez con mi buena amiga Gisela Soroka de Para el bebé: ¡más quisiéramos que saber cómo hacerlo!. En mi caso, si las recetas mágicas funcionaran mis hijas leerían y no poco porque las cumplo todas. A saber:

  • Familias que leen. A mí me pueden ver leyendo muchas veces ¡me encanta hacerlo! Yo leo esperando al autobús, cuando voy por la calle, en el tren, en la cama, en el sofá. Yo leo, en general. Mucho, en particular. Mi marido no lee tanto como yo, pero lee bastante también.
  • Muchos libros. En mi casa otra cosa no, pero hay libros a cascoporro. Me salen por las orejas. Mis hijas están acostumbradas a verlos por doquier ya que está la casa llena. Tienen de todos tipos, colores, formas etc. Para mayores, por supuesto, pero para niños también. Me gustan tanto los libros que con mi amiga Priscila tenemos un blog de libros Yo leo, tú lees y el Instagram más bonito del mundo (objetivamente hablando, ya sabéis)
  • Libros para ellas a su disposición. Tienen infinidad de libros, todos los que quieran y además la promesa de que si algo quieren y se lo van a leer se lo compro. En libros no escatimo. En su habitación ambas tienen estanterías con todo tipo de libros para ellas y se van renovando con frecuencia.
  • Hábito. Mientras ha dependido de mí, se les han leído todos los cuentos del mundo. Me encantaba hacerlo.

Y sin embargo hacerlas lectoras nos está costando la vida

Si todo fuera cuestión de medio ambiente, mis hijas serían súper lectoras: es lo que hemos fomentado, es lo que nos gusta, es lo que nos hace ilusión. Y no. La mayor comenzó a leer de verdad hace un par de años, con unos 8-9 años y la pequeña, que está en segundo de primaria aún no ha dado el salto. Lee por obligación ¿Hay algo más triste que leer porque te lo mandan?  Yo no la fuerzo a que lea mucho, pero es cierto que necesita leer todos los días en voz alta cinco o diez minutos porque repercute en la comprensión y en la manera de expresarse: es necesario y lo cierto es que cuando no lo hace porque no le insisto (a veces me da tanta pena que pienso que es mejor no perseguirla) se le nota para mal, así que tenemos que retomarlo.

No lee y me muero de pena. Pena por lo que se está perdiendo, sobre todo. Y también, no os lo negaré, me siento un poco fracasada. ERA mi proyecto personal, la cosa que más me apetecía del mundo que hicieran. Me genera frustración, tanta como alegría cuando veo que por fin mi hija mayor ha descubierto las bondades de leer.

leer

Así que yo no os voy a dar recetas mágicas ni a proponeros planes que conseguirán al cien por cien lo que queréis. Es que si os los dan son mentira. Estas son las cosas que yo creo que ayudan.

  • Crear un ambiente lector. Sí, todas las cosas que he dicho anteriormente son útiles, pero sin tomárnoslas como palabra de dios. Será más fácil que nos salgan libros lectores si ponemos medios para que esto pase, pero seguro que hay hogares donde todo está de cara para que suceda y no sucede y otros en los que no ha entrado un libro en la vida y que tienen al niño más lector del planeta. En todo caso siempre es mejor poner las cosas fáciles que difíciles ¿verdad?
  • Dar con los libros que les gustan (aunque no sean los que nos gustan a nosotros). A todos nos gustan unas cosas más que otras y a veces estamos remando en la dirección contraria. A mi hija pequeña, que no lee una novela así la maten (salvo las de Junie B. Jones) le gustan bastante los libros de curiosidades, efectos ópticos y cosas así. Yo jamás los hubiera comprado pero el día que lo descubrí pues me lo apunté porque así tenía alguna pista de por donde tirar.
  • No presionar. Igual que algunas especies no se reproducen en cautividad, algunos niños no leen si les estamos presionando. Es mejor dejarlos ahí a su rollo, pero poniéndoles cosas a su alcance por si suena la flauta.
  • No agobiarnos. Yo es lo que peor llevo porque no sabéis lo que me fastidia que no lea. Hay que hacer de tripas corazón y confiar que un día se obrará el milagro.

Los niños no leen simplemente porque no ha llegado su momento. En el caso de mi hija mayor, un día hizo click y empezó a disfrutar de la lectura. No sé cómo fue, simplemente pasó. Ese día fue ella la que me pidió un libro, y se lo acabó, y me pidió el siguiente. Ese día se obra la magia y por mi experiencia entonces ya no hay marcha atrás.

5 Comentarios

  1. Sara, con Clara pasó hace unos meses y me sentí tan feliz. Ahora si le leo cuentos al peque se los quiere leer ella. Va leyendo álbumes ilustrados que tenemos por casa pero ya dio el paso a “novelas”, con menos dibujos y que no puede leer de una sentada, y aunque no la dejo hacerlo, me encanta verla cuando pretende leer mientras está comiendo, porque la hemos interrumpido diciéndole que la comida está hecha y no quiere dejar la lectura. Yo creo que el ambiente lector sí influye mucho, Mencía hará el click en un momento u otro.

    • Sí que ayuda, pero no es algo mágico, ni como las matemáticas. Es más fácil que pase si leemos, si tienen libros a la vista, si les hemos leído… pero puede que no pase aunque hayamos hecho todo lo que se supone que tienes que hacer. A lo que voy es que parece que si haces eso te garantizas niños lectores y lo siento, pero no creo que sea así.

  2. En casa mis padres leían mucho (ahora jubilados y con tiempo, leen menos), libros en casa, como tu dices, cientos, estanterías llenas. Somos 4 hermanos y la única lectora precoz y compulsiva fui yo. Empecé con tebeos y comics que me compraba mi abuelo, tenía un montón, recuerdo los cuentos de los hermanos grimm (las versiones fantásticas ilustradas por María Pacual -eso lo descubrí hace poco- que me leí como 200 veces), los pulgarcitos, tantos. El primer “libro de verdad” que leí, en 4º de EGB, fue “El secreto de la arboleda”, de Fernando Lalana, lo leí en una tarde, mi padre no se lo creía, se lo leyó y me “examió”, jajajajaja. En 5º, teníamos que leer un libro cada semana, me leí “El cazador de barcos”, ahi, 500 páginas por su sitio, no era precisamente un libro para mi edad, pero me encantó y la profe flipaba (me dejó leerlo en 2 semanas, claro). He leído de indios, de princesas, de dragones, novela histórica, romantica, fantástica, libros que me han gustado y libros que he dejado colgados (ahora leo menos, pero poco a poco lo voy retomando).
    Mis hermanos, nada de nada, algún libro y porque era obligatorio para el colegio, incluso a veces me los daban a mi y yo les contaba de que iba.
    La pequeña, comenzó a leer mucho (pero mucho) a partir del ebook, o sea, ya con veintimuchos, como veis, el engancharse a la lectura no tiene edad. Los otros dos siguen sin coger un libro, parece que queme.
    Mis críos tienen ahora un montón de cuentos de todo tipo (no tienen mas por falta de presupuesto y de espacio en su cuarto, yo soy adicta a los cuentos y libros ilustrados, tendría una librería en casa) , tengo que resistirme cada vez que recomendáis uno (estuve a punto de comprar el de las cosas asquerosas del cuerpo para tenerlo en un futuro, con 2 y 4 años es un poco pronto, jajajaaj) me piden cuento para dormir todas las noches y a los dos les encanta la biblioteca. Espero que cuando tengan que hacerlo solos, sigan en ello.
    ¿Sucederá? Visto lo que pasó en mi casa, no tiene porqué, harán lo que les pida el cuerpo, igual que yo tenía que leer a escondidas porque me olvidaba hasta de dormir.

  3. De acuerdo contigo Sara, no hay fórmula mágica, pero si cosas de sentido común y entre las últimas que tu consideras que ayudan, me quedo con dos: no presionar (ni obligar) y dejar que encuentren lo que les motive leer, como dice mi bibliotecaria favorita (Alejandra del Dragón Lector) lo importante es que lean, así sea un cómic o una revista o el marca… ya luego encontrarán el género que les despierte el gusanillo.

  4. Hola, me encanta leer y estaba deseando que mi hija aprendiera a hacerlo para compartir con ella ese hábito, como hacía yo con mi madre. reconozco que al principio insistía para que lo hiciera, pero desistí. Al empezar el curso, no se si por el profesor nuevo o por ella misma, está más motivada y sin que yo le diga nada, coge cuentos y empieza a leer. Ahora disfruto mucho ver cómo lee cuentos a su hermana pequeña que aún no ha aprendido. Pienso como tu, sin presiones y encontrando con una colección, un género que le despierte curiosidad y la “pique” a seguir leyendo.

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