Yo ya sabéis que soy una relaxing mum. Soy fan de estresarme poco y de tomarme las cosas con mucha paz porque creo que el mundo no se acaba con casi nada. Hoy vengo a hablaros de un dilema existencial que tengo. Y es que chocan mis principios con la logística.

Creo que mis hijas son capaces de muchas cosas y las educo para que sean lo más autónomas posible. Mencía con 2 años se vestía sola casi siempre y desde bien pequeñas de su logística se ocupan ellas. Yo les lavo la ropa, obviamente, pero no compruebo si tienen la mochila preparada, si han cogido los cuadernos, si les toca uniforme o chandal. Eso es asunto de ellas.

Unos días toca el chándal del colegio y otros el uniforme, y no coinciden los días de las dos. Además se suma que tienen actividades extraescolares por la tarde para la que necesitan otra ropa. Aldara por ejemplo hace gimnasia rítmica, lo que implica que necesita unos leggins o similares porque si no dice que está muy incómoda. Mencía hace atletismo y tampoco está a gusto con el chandal del colegio. Así que lo más fácil es que ellas sean las que asuman la responsabilidad de saber qué tienen que llevar.

autonomía vs homeless

Esto implica que, obviamente, no siempre se acuerdan. Lo que es la ropa de clase no suele haber problema, de eso sí que se acuerdan, pero del resto a veces se confunden y esto implica que a veces no llevan lo que tienen que llevar y les toca hacer deporte con una ropa … cuestionable. Pero creo que es parte del aprendizaje, que no pasa nada por ir un día más incómodas. Creo que es educativo, y cuando les damos responsabilidades (adecuadas a su edad) nos sorprenden. Muchas veces tratamos a los niños como más pequeños de lo que son ¡y son perfectamente capaces! Los olvidos forman parte de la vida y también el lidiar con las consecuencias es educativo. Si se les olvida algo, no corro a llevárselo. Así es más probable que a la siguiente vez hagan por acordarse.

Yo estoy muy convencida de mi teoría habitualmente. También la aplicaba con mi marido cuando mis hijas eran pequeñas. Jamás le escogía la ropa para ellas cuando eran bebés y me marchaba de casa aposta sin mirar atrás. Y sí, muchas veces las llevaba como auténticos homeless, con unas pintas que daban ganas de llorar. Pero era un aprendizaje para él y sobrevivieron. El problema es que ahora el momento homeless está volviendo a mi vida de la mano de mis hijas y los peinados.

Tengo los dos extremos: Aldara es tremendamente coqueta y le encanta arreglarse. Siempre va bien peinada y recientemente incluso le apliqué el tratamiento de Kativa alisado para que tuviera menos frizz y menos enredones (y funciona, por cierto, y muy bien. Podéis leer sobre este tratamiento aquí). Se pasaba la vida colgada de la plancha y la verdad es que estamos encantadas con el resultado. Aldara siempre va peinada, pero Mencía es otro cantar. Mi hija pequeña es un peluchito, como la llamamos cariñosamente. Da igual cómo la peines, que a los cinco minutos parece que se haya peleado con ese gato que NO tenemos. ¡Es que no aguanta con una cierta dignidad capilar ni cinco minutos! Es un horror.

Y es que además chocamos con la autonomía. Tanto me he esforzado en que sea autónoma que se niega en redondo a que la peine yo. Se quiere peinar ella. Siempre. Así que ahí estamos. Con el dilema autonomía vs homeless. ¿Quiero que sea autónoma o quiero que vaya peinada? Pues ahí estamos. Teniendo que elegir. Y de momento todos los días sale con unos pelos de loca de morirse.

Me toca aguantarme.

5 Comentarios

  1. Pues déjala que se peine ella, para lo que vale que las peines tú… Clara es como ella, la peinas y a los minutos está despeinada. Y digo “la peinas”, es decir, que da igual si se peina sola o si la peino yo, acaba despeinada igual. Si Mencía va a acabar despeinada igual, ¿qué más da?, que se peine sola y bronca que os ahorrais…

Dejar respuesta

Por favor, deja tu comentario
Por favor, escribe tu nombre aquí