Soy la preferida de las niñas, de mis niñas. Esto viene porque hace poco leí un post del grandísimo Carlos Escudero de Un papá como Vader hablando de cómo se siente al ser “el otro”, el menos preferido. Es un post maravilloso que podéis encontrar aquí y que a mí me dio mucho que pensar. Me dio una ternura infinita cuando él dice ante el enésimo desplante:

“Mamá lo eclipsa todo, pero para no hacerlo. Su paciencia triplica la de papá, su sonrisa es más bonita que la de papá, pasa muchas menos horas con sus hijos que papá y además mamá… pues es mamá.
No hay más.”

En casa vivimos idéntica situación. Primero estoy yo, mamá, y luego está el resto, papá incluido, así que yo soy “la otra”, la privilegiada. Estoy leyendo en estos momentos un libro de feminismo superinteresante llamado Mala feminista de Roxane Gay y una de las cosas que dice es que tenemos que aceptar nuestros privilegios. En el caso de la situación que nos ocupa yo soy la privilegiada. Esto es así, y no se puede negar. Sólo quiero contaros cómo es estar en el otro lado.

La preferida de las niñas

Ser la preferida.

Yo no sé vosotros, pero yo crecí en esto de que a papá y a mamá se les quiere igual. Para una persona como yo tan pegada a lo que TIENE que ser ser capaz de asimilar que no era así y que yo también tenía a mi preferido fue complicado. Yo quiero mucho a mi padre. Es muy buena persona, siempre está por nosotras, nos quiere a morir y es encantador. Pero mi madre es mi madre. A mi padre le quiero por todo eso y porque es mi padre, de una manera irracional. A mi madre la quiero de otra manera. La quiero por todo eso pero es que además es mucho más parecida a mí y nos entendemos. De hecho, yo quería tener hijas, ya ves tú, porque de algún modo quería tener el vínculo especial, de mujeres, que tengo con mi madre.

Esto, lo digo ya, es una tontería. Yo tengo el vínculo con mi madre, pero conozco a hijos que tienen esa misma unión con su madre o a padres con sus hijas. No es una cuestión de género sino de carácter. No tengo hijos varones, así que no sé si hubiera sido igual con ellos en mi caso, pero con mis hijas se ha cumplido lo que yo deseaba.

Egoísta

A veces me siento egoísta. La realidad es que para que uno tenga una relación especial el otro tiene que, en la práctica, tener menos. Y con esto, ilusa de mí, no contaba. Cada pequeño desprecio a mi marido, cada vez que le hacen de menos a mí me duele inmensamente. Me imagino a mí en el otro lado y me DUELE la sola idea. ¿Y cómo lo haces? Yo suelo pedirles que le hagan algún cariñito porque tengo asumido que a ellas de natural no les va a salir. Les pido que se pongan en su lugar y piensen en como se siente. Pero al rato se les olvida y volvemos a las mismas. Y es que por más que tratemos de forzar las cosas, la piel, la complicidad es algo que surge de manera espontánea y que no podemos fingir.

El lado oscuro de la fuerza

Yo me siento afortunada por ser la preferida de las niñas. Me encantan los niños en general y la mías en particular y me gusta estar con ellas. ¿Haciendo qué? Haciendo nada. Me gusta tenerlas cerca. Mis hijas no se relacionan conmigo de la misma manera. A Aldara le gusta estar conmigo y hablar, escucharnos, compartir cosas. Mencía es mucho más física. A ella le gusta estar literalmente pegada a mí. En invierno lo llevo bien porque yo soy muy cariñosa y me gusta el contacto físico, pero en verano me quiero morir.

Es una sensación rara. Me siento afortunada pero al mismo tiempo sientes cada una de tus contradicciones: hay momentos en que las mandarías a tomar viento fresco (o en verano, te iría a tomar el viento fresco tú, concretamente). Las quiero, las adoro, les compro un loro, pero la cara B de ser la preferida es que no tienes descanso. A veces les digo ¿pero es que no tenéis padre que todo me lo tenéis que decir a mí? Y no, estas veces no lo digo por eso de la solidaridad y que mi marido no se sienta mal ¡lo digo por mí!

Es muy guay que tus hijos te adoren pero a veces necesitas espacio vital.

Y sí, es un problema del primer mundo.

Decir que no mola ser el “prefe” sería mentir. Quejarnos por ello sería tremendamente injusto con el otro. Así que ahí andamos. Tratando de apañar nuestras contradicciones internas y de entendernos a nosotros mismos, que ya os digo yo que no tiene nada de sencillo.

10 Comentarios

  1. Yo tengo un niño de 4 años y un bebé recién nacido, y también soy la preferida. Para jugar papá está bien, pero cuando está triste o necesita algo, siempre es mamá. Y tengo que reconocer que me encanta.
    A veces me agobia, pero luego pienso que cuando sea mayor me odiará, y lo estoy disfrutando a tope mientras dure

    • ay! Sé lo que me dices porque yo estoy igual. Sé que en cuatro días llegará la adolescencia y nos odiaremos, así que prefiero aprovechar como una loca…

  2. Yo estoy saliendo del hoyo de no ser la preferida de ninguno. para mí que mis criaturas me quieren solo por las tetas y nada más. Tras le nacimiento del pequeño, la niña ha pasado una racha de “yo todo con papá” que pensé que me iba a repudiar como madre. Pero desde que empezaron las vacaciones del cole solo quiere hacer cosas de nenas, porque nosotra somos nenas, y somos más guays y yo no sé cuántas historias más ni de dónde las ha sacado ¡y mola mucho ser la preferida! Aunque era más descansado ser la siesa.

    • jajajajaja es que tu bichilla es muy bichilla maja… ¡Es un espíritu libre! Las mías son dos lapas, están todo el día pegadas a mí y es muy guay, pero como dices poco descansado. ¿Cómo se lleva que tus hijos prefieran al otro? Yo es que soy muy cariñosa y creo que lo llevaría fatal…

    • Ostras, pues no, me sobrevaloras porque no lo conocía jajajajaja. Es tal cual. En casa las cosas sin importancia intento que el “default parent” sea también su padre porque esto de estar constantemente pensando en la logística me mata, pero en las cosas emocionales no queda otra porque eso no se elige. Y sí es agotador pero como dices ¡qué chute de autoestima!

  3. Pues yo sé que soy la preferida, por paciencia, por la logística diaria y mil cosas más… Pero por eso mismo me planteo que me llevo lo mejor de mis hijas… Y lo peor… Besos, abrazos, risas, confidencias y demás, pero también lloros, agobios, pataletas y demás familia.

  4. En nuestra casa también tenemos preferida, es mi madre. Con mi padre es que nunca he tenido ningún tipo de relación excepto la de que es mi padre y vivía en la misma casa. Supongo que a el le paso un poco como a Vader y nunca supo como relacionarse demasiado con unas niñas que tenían claras preferencias.
    Tuve un niño y a los 26 meses de ello tuve una niña. Creo que mis hijos tienen un favorito cada uno. Notablemente, al margen de mis tetas, el padre es el favorito de mi hija. Y la favorita de mi hijo soy yo ^^

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