Bugaboo Nuevos colores de primavera      

Cuando yo buscaba embarazo sólo tenía una premisa: nada de quedarme embarazada en verano. Soy una persona bastante calurosa y la perspectiva de pasar el verano con un tripón de aquí a Madrid no me seducía lo más mínimo. Bien. Mi primera hija nació el 5 de septiembre y la segunda el 5 de octubre, así que ya veis lo buena que soy con las matemáticas. Fuera de bromas, al final, tú puedes plantearte que te gustaría quedarte en una fecha u otra, pero los niños vienen cuando quieren. Y sí, me comí con patatas dos veranos como dos soles. Todo tiene ventajas y desventajas, además. Lo que hoy quiero es daros unos consejos para sobrevivir al embarazo en verano con más o menos dignidad ¡Ánimo, yes you can!

embarazo en verano
Foto: embarazo en verano vía Shutterstock

Objetivo, sobrevivir al embarazo en verano

La primera cosa es que el objetivo es ese: sobrevivir. Y punto. Ponernos grandes metas no es factible. Pero es cierto igualmente que hay veranos y veranos: el de mi primera hija fue un horror e hizo el calor del siglo y en cambio en el de la segunda las temperaturas eran mucho más asequibles. No tenemos por qué tener miedo al verano en general: ya os digo que yo me quise morir cuando me enteré de que iba a volver a repetir la experiencia con la pequeña y no tuvo nada que ver.

Personalmente no soporto la frase “es que el embarazo no es una enfermedad“. Bueno, no lo es, es cierto, pero tampoco estamos de campo y playa. No es lo mismo pasar el verano embarazada de 12 semanas que de 30. Si toca un verano con temperaturas muy extremas es importante bajar el ritmo. No tenemos que ser superwoman ni ponernos el mundo por montera: el mundo seguirá girando aunque nosotras no estemos al cien por cien ¡que estamos gestando una vida y bastante tenemos con lo que tenemos!

Cocktail en piscina
Foto: Cocktail en piscina vía Shutterstock

Cuídate y deja que te cuiden

Cuando es tu primer hijo puedes hacerlo mucho más fácil, claro, pero si es el segundo o más también puedes y debes hacerlo. Si tu pareja no es consciente de que tal vez tenga que asumir más del 50% que de normal le corresponde, díselo. No te cargues con todo en silencio. Es una cosa temporal y si no se dan cuenta solos tendremos que decírselo.

Ten mucho cuidado con los pesos. Si tienes que hacer una compra grande o bien acompáñate de alguien para hacerla o, en serio, paga para que te la lleven a casa si es posible. Ese dinero es el mejor invertido del mundo. Hay supermercados donde si llegas a una determinada cantidad te la traen gratis, así que aprovecha. En mi caso yo lo hacía así, la compra grande la traían y para la compra pequeña iba a sitios donde sabía que había cajas con preferencia para embarazadas para evitar estar más tiempo del imprescindible de pie.

El punto flaco del embarazo en verano, las piernas y pies

En mis dos embarazos lo que peor llevaba eran las piernas y los pies. Parecía Frodo Bolsón: tenía unos pies que daban mucho miedo. Para esto a mí me ayudaban dos cosas: por un lado las cremas de frío (la de Mercadona por ejemplo está bien de precio y funciona fenomenal) que me proporcionaban algo de alivio y por otra poner en cuanto podía, los pies en alto. Hay que intentar estar de pie el menor tiempo posible. Yo en cuanto podía, me sentaba y los pies arriba para intentar contribuir a mi maltrecha circulación.

El calzado, cuanto más cómodo mejor. Si puedes, cómprate algo que sea abierto, que permita que los pies respiren y sobre todo que no te oprima. Es mejor incluso que compres zapatos de un número más que el habitual. No hay nada peor que constreñir unos pies ya de por sí maltrechos.

Helado
Foto. Helado vía Shutterstock

Fresquita

Es importante hidratarse: Bebe mucha agua. Es mejor que la principal fuente de hidratación sea el agua y no abusemos de zumos y bebidas carbonatadas. Podemos tomarnos un helado si queremos, o bebernos un batido o un zumo fresquito pero nada de abusar. Si en cualquier embarazo es interesante no cargarnos de peso, si el final del embarazo nos coincide con la época veraniega cuanto menos kilos cojamos mejor para nosotras.

En verano es una buena idea bañarnos. Salvo que hayamos empezado a echar el tapón mucoso en cuyo caso no se recomienda bañarse en piscinas públicas, estar a remojo es fantástico. No tendremos tanto calor (la temperatura corporal aumenta con el embarazo) y además, los cuerpos en el agua flotan y pesan menos así que nos sentiremos más ágiles y menos pesadas que de costumbre. Eso sí, bien protegidas del sol ¡no hagas corto de crema solar! Date mucha crema y no te olvides de la cara que tienden a salir manchas. Un sombrero tal vez te ayude.

Mujer en piscina
Foto: Mujer en piscina vía Shutterstock

Intenta estar a la sombra lo máximo que puedas y utiliza ropa fresca y amplia. Yo adoraba los sitios en los que estaba más o menos fresquita. Ese verano me hinché a ir al cine porque ahí se estaba divino (¡tenía hasta que llevar una chaqueta!). Eso sí, trataba de ponerme en un sitio donde pudiera estirar un poco las piernas discretamente.

En fin, piensa que todo se pasa y que nacer en otoño es fantástico. Al fin y al cabo estás pasando el calor tú, pero tal vez sería peor incluso que un bebé recién nacido se “comiera” las altas temperaturas estando fuera del útero. ¡Ese es el consuelo que te ha de quedar!

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