martes, noviembre 12, 2019
Bebés Trona Osh Kosh: nuestra primera trona

Trona Osh Kosh: nuestra primera trona

Desde que mi ratoncito empezó con la alimentación complementaria vi la necesidad perentoria de hacerme con una trona para darle de comer. Realmente sería más útil llevármela a casa de mi madre porque es ahí donde comemos ambas entre semana, pero hemos preferido dejarla en casa por alguna extraña razón.

Somos hijos de nuestros padres en más sentidos de los que nos creemos. Cuando el pediatra me dijo que vía libre a los cereales y que ya podía darle papillas me sentí más perdida que un pato en un garaje. Para empezar no sabía ni cómo leches se hacía eso y luego estaba la cuestión de cómo dársela. Mi hija era y es una grandísima tragona y disfruta comiendo un montón. ¡No veáis la de ruiditos que hace la muy jodida cada vez que le metes una cucharada en la boca! Para ella alimentarse es una cuestión de necesidad y de placer al mismo tiempo. Pero claro, acostumbrada a los biberones que los tenía dominados, lo de la cuchara era de lo más raro. No terminaba de hacerse con el aquel de meter una cosa en la boca y después tragar. ¡Se hacía un lío la pobrecita!

trona Osh kosh

Esos primeros días daban ganas de ponerte la escafandra a la hora de darle de comer. Ella se ponía como un cristo, pero yo también. En su caso tenía solución porque me agencié un babero de cuerpo entero y mal que bien minimizábamos los daños (aunque había veces que daban ganas de meter a la niña y su ropa directamente a la lavadora), pero en el caso de la mami es mucho más peliaguda la cosa. Porque ya se sabe, a los niños todos les perdonan que vayan guarretes, pero con las madres no son igual de generosos…

A mí me enseñó mi madre a darle de comer a Aldara. Por eso, tengo exactamente los mismos vicios que ella. Mi madre es incapaz de darle de comer a un bebé sobre las rodillas como hacen algunas y por consiguiente a mí me pasa lo mismo. Al principio y ahora cuando no disponemos de la trona lo que hacemos es sentar a la pulga en la sillita de paseo y ahí, un pelín recostada le vamos enjaretando las cucharadas de comida. Mi hija es un culo inquieto (¿a quien se parecerá?) y la mitad de las veces consigue lo imposible. Es capaz de comerse la barra de la silla, las cucharadas de comida y el pie todo a la vez. Que mira que es complicado. Así que la mitad de las veces tiene un menú tipo «puré de calabacín, cebolla y pinrel on the rocks». El pie tiene su punto nutritivo, los mayores, que no sabemos.

Así que no queráis saber cómo está la sillita. Parece un cuadro de Jackson Pollock. Lo mismo un día de estos la vendo a una galería en plan artista conceptual y me forro. No veáis la ilusión que me hizo cuando llegó la trona a casa. ¡Por fin íbamos a minimizar la «guarrerida española» que teníamos montada!

Existen varios tipos de tronas en el mercado y a la hora de haceros con una de ellas (sea la que sea, es interesante tenerla), las necesidades de todo el mundo no son las mismas. Básicamente, en líneas generales, encontraréis tronas convertibles en mesa y sillita, normalmente de madera y las plegables. Las primeras, que son la que yo no tengo, son habitualmente más reducidas y menos aparatosas. Tienen la ventaja de que son evolutivas, es decir, que con el tiempo se convierten en una mesa y sillita para que el niño pueda pintar y jugar y la desventaja para mí de que no se pliegan. Así que abiertas no ocupan mucho, pero no tienes la opción de plegarlas. Por otro lado, la mayoría de las que vi (siendo sincera tenía bastante claro que me gustaban más las otras, así que no miré en profundidad), me daban la sensación de que la polivalencia de ellas iba en contra de la comodidad, pues los asientos eran un poco más incómodos que en las otras y no tenían posiciones.

Las plegables también las podéis encontrar de dos tipos, básicamente. Baratas y caras. No es una clasificación muy al uso, pero es perfectamente entendible por todos. Las baratas estaban en torno a los 60 euros más o menos y su filosofía es «menos es más». Son el seat ibiza de las tronas. Te sirven para dar de comer al niño, se pliegan y abultan poco y punto pelota. No busquéis muchos detalles porque no los tienen. En las caras lo que encarece, aparte de los materiales (algunas de las baratas parece que puedas tirarlas de un soplido), son las prestaciones que tienen. A grosso modo, las prestaciones que puede tener una trona de importancia son tres

  1. que sean abatibles. Las tronas más caras pueden tener hasta 5 posiciones desde totalmente incorporado hasta completamente tumbado
  2. que sean regulables en altura, desde arriba hasta estar casi en el suelo
  3. la bandeja de la comida, que sea extraíble y tenga pijadas varias.

En mi caso, yo lo que quería era una trona que se pudiera abatir (deformación maternal, mi madre le da semi tumbada y yo también), que la niña estuviera bien sujeta y ya que se subiera o bajara y que la bandeja fuera mona me daba un poco igual. No tenía intenciones de que se durmiera la siesta en la cocina (es muy ruidosa), así que la posición de completamente tumbada no me era fundamental, y lo de que se baje hasta el suelo me era indiferente. Para mí tampoco tenía mucha importancia la funda. Sé que para algunas madres este es un punto importante, que sea lavable y desenfundable porque realmente se enguarra que da gusto. Para la que escribe no lo era porque tengo una madre que cose muy bien y a una mala me hacía una funda en un plis plas. Ah, y sí que quería que se plegara decentemente para poder tener la cocina un poco apañadita porque no es muy ancha.

Esas eran las variantes que yo manejaba a la hora de hacer mi compra. En general, como consejo, sí que diría a todas las madres que, dado el precio que llevan todas las cosas de bebés, es muy importante leer con antelación todo lo que se pueda para llegar a la tienda con las ideas claras. Siempre que compro algo para la nena me hago previamente un master en internet con las posibilidades del mercado y tomo mis decisiones en casa. Miro más o menos los precios de referencia, las variables que entran en juego a la hora de la compra y mi situación concreta, analizando qué es lo que me interesa a mí y lo que no. Os aseguro que es muy útil y que así haces las compras con más cabeza. Es que mis necesidades no tienen porqué ser las mismas que la vecina por ejemplo.

Francamente, después de ver qué es lo que quería había perdido un poco la esperanza de encontrar una trona como la que yo quería sin dejarnos el sueldo en ello. Yo quería una trona de las caras, pero barata. ¡Algo complicado! Había mirado varios modelos en internet que me gustaban, pero eran tan caros… El caso es que primero fui al Corte Inglés porque es lo que más a mano me pilla y porque ya sabía qué podía esperar en Prenatal, que es la otra que está cerca. Y cuando vi esta trona me emocioné. ¡Era justo lo que quería!

OshKosh es una marca bastante desconocida. De hecho, apenas he conseguido encontrar en Internet información sobre ella, salvo que es una marca americana. En la práctica por los precios que tiene funciona como marca blanca del Corte Inglés, aunque realmente no lo sea. En esta grande superficie podréis encontrar multitud de productos de OshKosh, y de momento no la he encontrado en ningún otro sitio. Corregidme si sabéis de otras tiendas donde la vendan. Se dedican a hacer cosas de mobiliario por lo que tengo entendido; de hecho la cuna de viaje que tenemos también es de esta marca.

Lo primero que me llamó la atención era el precio. ¡¡¡85 euros!!! En rebajas la he llegado a ver por 70, baratísima. Es un precio barato hasta para una trona de las de pocas prestaciones. Pero es que las tiene todas. En altura tiene tres posiciones, y es fácil de regular apretando a unos botoncitos rojos que tiene en la parte inferior del asiento. Los oprimes y la silla sube y baja, deslizándose sin problemas, sin ruidos, sin excesivo esfuerzo. Pesa un poco, pero porque claro, tienes que sostener el peso de la silla en caída libre, no porque el mecanismo vaya fuerte. Se abate con facilidad. El asiento tiene un asa en la parte posterior que si la levantas permite colocar la silla en tres posiciones; recta, semi-incorporado y semi-tumbado. No tumba del todo, pero sí que lo hace bastante. No son cinco posiciones, pero es más que suficiente.

La bandeja es completamente extraíble. He de reconocer que es lo que más me costó colocar. La silla viene completamente desmontada, pero es muy fácil su montaje. Con un destornillador y media hora de tiempo tienes trona. Pero la bandeja no había manera de colocarla. Recordaba que cuando compré la trona la dependienta la había colocado muy fácilmente, sin apenas esfuerzo y no entendía qué diablos estaba haciendo yo mal para estar ahí luchando con el bicho ese. Pasé de todo. Al día siguiente fui y me lo explicaron y desde entonces nunca más. Es tan sencillo como tirar de una especie de asa que tiene en la parte posterior de la bandeja. Así se desbloquea y se puede pasar sin problemas por los reposabrazos que es donde se fija. La bandeja es sencilla, austera. Tiene únicamente un relieve para colocar el vaso, pero de momento no lo usamos. Aldarita tiene la mano muuuuuuuy larga y cosa que pones ahí, cosa que tira. Así que si no quieres ser bautizada laicamente mejor no hacerlo. El que no tenga pingos varios facilita enormemente el lavado de la misma. Con una bayeta queda como nueva. Otra de las cosas que más me gusta es que tiene una especie de «pincho» que sale en la parte de delante y que sirve para separar las piernas. Con la bandeja puesta es materialmente imposible que la niña se caiga de la silla aunque no esté atada porque no tiene sitio. Mi madre siempre cuenta que nuestro principal entretenimiento consistía en deslizarnos debajo de la bandeja de nuestra trona para irnos al suelo. Con ésta no se puede.

Por si acaso, la trona incorpora un arnés de 5 puntos de seguridad, exactamente igual que los de las sillas de automóvil. Jamás lo uso, aunque debería, porque así sus movimientos se verían bastante más limitados. Pero es que me da pereza. Ahora que tengo más práctica dándole de comer juego a la ruleta rusa con ella. A ver si conseguimos no mancharnos esta vez. Alguna vez soy tan osada que no le pongo ni babero… luego las osadías se pagan en detergente, dicho sea de paso.

Es una trona muy robusta. Tenían otra parecida por un precio similar pero la dependienta nos recomendó ésta precisamente por su robustez. Evidentemente, en una trona que cuesta 50 euros más la robustez será mayor incluso, pero no pretendo que la trona me sobreviva. Me da igual que aguante a 5 niños que a 10, si con que me aguante dos me doy con un canto en los dientes. Y ésta tiene pintas de sobrevivir bien.

Como punto positivo, la cesta que tiene en la parte inferior, muy amplia y en la que caben muchos juguetes para que se entretenga.

Desventajas de la trona Osh Kosh

Citaré ahora las desventajas, pero haciendo constar que para mí las ventajas (sobre todo la relación calidad-precio) pesan muchísimo más que éstas. La principal es el plegado. Se pliega, sí, pero abulta un montón, con lo que he desistido de hacerlo. Me cabe bien en la cocina y podemos pasar, así que la dejo abierta y santas pascuas. Podría hacerlo, pero el espacio que gano es tan mínimo que no me compensa. Si realmente el sitio es uno de los hándicaps de vuestra cocina ésta no es vuestra trona. La anchura es más o menos la normal. Por otro lado, no tiene ruedas. A mí no me hacen falta ni las veo imprescindibles, pero si para vosotros sí lo es, lo mismo, no es vuestra trona. Y por último, el tapizado es de una especie de plástico que imita a tejido. Hay muchos que prefieren que sea de tela, por el lavado y por la transpiración en verano. A mí me da lo mismo; de momento la tengo a pelo (y así están las costuras) y la lavo con una bayeta. Cuando esté asquerosa, le pondré una funda y se acabó. Así que no es desenfundable.

Se vende en cuatro colores, rosa, azul, verde y naranja. Salvo el azul, que es un poco más discreto, el resto de colores son bastante fosforitos. En foto no lo parecen tanto, pero en vivo y en directo son muy cantones. A mí no me vuelven loca. El azul está bien, es la que tengo yo. Cuando yo la compré era el único que tenían en exposición y me pareció majico, así que teniendo en cuenta que mi cocina es de ese color me la compré así. Luego entendí porqué era el que tenían en tienda: es el menos chillón con diferencia y el más vendible. En el otro corte inglés las tenían todas y se veían a una legua.

Concluyendo…

No es la mejor trona del mercado, eso seguro. La de Chicco (polly) tiene muy buena fama y seguro que es mejor trona, yo no lo dudo. Pero esa por menos de 130 euros no la encuentras y eso con suerte, así que los 45 euros de diferencia para mí eran una razón para decantarme por ésta y no por la otra. Sinceramente, estoy muy contenta con ella porque me soluciona mis necesidades y a un precio muy razonable, así que no me quejo y volvería a comprarla. Si estáis en mi misma situación y tenéis necesidades similares, yo la recomiendo a ojos cerrados.

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Walewskahttp://www.mamisybebes.com
Madre de dos niñas. Gafapastas. Cuqui de barrio. Me gusta tomarme la vida con humor. Cuando tengo un rato libre me abro un blog. Escribí Relaxing Mum of café con leche. Me gusta andar descalza, creo que los postres sin chocolate no son postres y soy compulsiva en todo lo que hago.

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