Bugaboo Cameleon plus      

Hay cosas que estoy convencida de que tienen que ver con los genes. Cuando yo era pequeña me pasaba la vida montando casitas en cualquier sitio. Lo mismo nos servía la mesa del huerto de unos abuelos, que detrás del sofá de casa de los otros. En una parcela que tenían mis padres nos las ingeniábamos para montar casas con cuerdas, sillas y unos árboles. Para hacer las paredes nos las apañábamos con telas compradas en el rastro y un toldo viejo de cuando íbamos de camping. Vamos, que teníamos vocación de ingenieras mi hermana y yo. Por eso recuerdo con especial cariño cuando mi abuelo con 8 años nos construyó una casita de madera chulísima a nuestra escala. Se llamaba Villa Los Peques y era una monada.

Mi hija no tiene todavía los dos años y parece que va por el mismo camino. Justo debajo de nuestra casa tenemos un parquecito infantil en el que hay una casita de madera y mi hija es una gran fan de ella. La mitad de los días tenemos que discutir con ella para sacarla de ahí y suele ser a rastras porque se niega en redondo a salir. Se lo pasa bomba. Así que pensamos que sería genial regalarle una para la parcela de mis padres para que pudiera jugar cuando fuera ahí en verano. Su cumpleaños es en septiembre, justo cuando termina, así que no tenía demasiado sentido esperar a entonces, de manera que mis padres, en vista de que no se entera todavía, le adelantaron el regalo.

casita jardin de plastico casa rancho

¿Qué casita comprarle?

Esa fue la primera pregunta que nos hicimos. Por gustarnos, nos gustaban las de los árboles (demasiadas películas que hemos visto) o las de Liliput Playhomes, pero a) ni tenemos un árbol en condiciones b) ni tenemos 8.000 dólares para gastarnos en una casa para mi hija, que es lo que cuesta la de Liliput. Así que tenía que ser una cosa mucho más modesta.

En principio nos atraía mucho más la idea de comprar una casa de madera porque son mucho más de verdad y nos recordaba a la que tuvimos nosotras de pequeñas. Lo ideal hubiese sido que la hubiese hecho mi padre, pero no parecía estar demasiado por la labor. La madera, por otro lado, tiene que estar tratada para estar en el exterior y nos resultaba demasiado complejo. El caso fue que después de mirar en varios sitios al final nos acabamos decantando por una de plástico.

Si vais a comprar una casita de estas “en temporada” no vais a tener demasiados problemas porque casi en cualquier gran superficie vais a tener donde elegir. En cambio, en otras épocas del año está más complicada la cosa. Cuando empezamos a mirar todavía no habían llegado de forma masiva, así que acudimos al Toys’r us. Esta cadena tiene una gran ventaja en este sentido. Tiene una gran exposición de casitas de manera permanente, y las tienen todas montadas de manera que podréis dejar al niño que pruebe a ver (y así veréis si le gusta o no) y vosotros sabréis las dimensiones más allá de los números. La desventaja es que no es una cadena especialmente barata. Así que si es un modelo fácil de encontrar, mejor que os hagáis con él en otro sitio, lo que pasa que suelen tener cosas que no están en todos los sitios.

Nosotros estuvimos a punto de comprarle a mi hija una de madera que costaba unos 200 euros. Pero como digo, al final, la que nos llevamos fue ésta de KD Design que costaba la mitad. No fue tanto una cuestión de precio sino más bien que in situ resultó que al final le llamaba mucho más la atención el colorido de ésta que la sobriedad de la otra. La de madera era preciosa. Tenía el tejado rojo y la puerta verde, pero era mucho más sosa a la vista de un niño. En cambio para un adulto era mucho más estilosa. Pero los críos ya se sabe, ven los colorines y se tiran como locos.

Al final lo que primó sobre todo fue el hecho de que vimos que tanto la una como la otra tenían una vida útil bastante limitada. Son casitas que podemos estirarlas hasta los 4-5 años a lo sumo pero no mucho más porque ya no caben. Así que preferimos comprarle una casa que se ajustara a sus gustos de ahora y más barata, más de todo trote y cuando sea más mayor si, como es previsible le siguen gustando las casitas, hacerle una de sus dimensiones.

Nuestra casita rancho de KD Design

Yo no estuve cuando la montaron mis padres pero me dijeron que era extremadamente sencillo. Fue peor transportarla hasta ahí porque la caja que la contiene es bastante voluminosa, pero vamos, que en el maletero de un Xsara Picasso cabe con los sillones tumbados. Está compuesta de varias placas que se unen entre sí con unos tornillos de plástico gruesos que vienen incluidos. Al parecer no les llevó más de media hora montarla con mi hija entrando y saliendo entre tanto, que es la manera fina de decir “dando por saco”.

El plástico es muy resistente y grueso. Por eso aguanta fenomenal a la intemperie. Para limpiarla se puede hacer bien con un paño o con la manguera directamente, si tenéis una a mano. Los colores tienen pinta de ser bastante resistentes, pero vamos, me imagino que como todo, dentro de un par de años los colores ya no estarán tan chillones como ahora.

Elegimos esta frente a otra de Feber que venía a costar lo mismo porque nos pareció un poco más amplia. La nuestra es rectangular pero es casi casi cuadrada. Según la web mide 1,18 x 0,97 y tiene 1,17 cm de altura. El problema de la de Feber es que tenía muchas más chorradas pero era estrechísima. En cambio en esta haciendo el chorras nos hemos llegado a meter dos adultos para desesperación de la niña (que odia que NADIE se meta ahí) y caber cabíamos… como piojos entre costura, pero nos metimos. También esta hacía un poco más de alto.

En el interior no tiene nada, está vacía completamente. Las ventanas y puerta sí que se cierran, pero queda espacio para que entre el polvo porque no llegan hasta arriba. Es lo que menos me gusta porque no puedes dejar nada dentro… se te pondría hecho un cristo. También donde estamos hay muchos gatos, así que pueden entrar sin ningún problema. Supongo que en invierno para protegerla la taparemos con un plástico de todas las maneras.

Ahora en verano la tenemos en una zona con suelo, pero como no pesa demasiado (entre dos se levanta sin problemas, y si me apuras, uno solo también. Es más cuestión de que se levanta mal porque lo que abulta que por lo que pesa, que son unos 12 kilos aproximadamente), la movemos buscando la sombra. Porque eso sí, al sol hace un calor dentro del horror.

¿Qué nos parece?

Estamos muy contentos con la casita y mi hija más. Los fines de semana se le ilumina la cara cuando me dice con su media lengua “Mamá ¿atita a pampin?” que viene a querer decir que si vamos a subir a jugar con la casita al camping. Te lo pasas bomba viéndola entrar, salir, meter y sacar su carrito, la banqueta… es una gozada. Lleva un trajín loco. Nuestro miedo era que luego pasara de ella, pero realmente no ha sido así. Lo único que está en una época un poco posesiva y su casita es suya y ahí no entra nadie. Confío en que se le pase.

Por otro lado, nos costó 90 euros, que es un precio razonable. Para el partido que le saca no me parece un dinero excesivo y sí que me parece en comparación mucho más resistente que otras que he visto, como las de Feber que se ven mucho más coquetas pero más endebles para mi gusto. Para una terraza por ejemplo da un poco lo mismo porque está en un sitio más protegido, pero en nuestro caso que va a estar en una parcela poco guarecida prefiero que sea más resistente. En todo caso, si la queréis para una terraza (siempre que sea grande, se entiende) no es demasiado “muerto”.

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