Es un poco contradictorio que precisamente yo, que me dedico en este blog a daros sugerencias de compras para los niños os hable de todo lo que es prescindible. Sí, lo sé. Pero es que una cosa es que haya muchas cosas (muchas, muchas) que no sean necesarias y otra muy distinta es que haya cosas que las compres porque te apetezca, porque te haga ilusión.

Ayer mi cuñada me comentaba que en la traducción automática de una web de bebés (era en inglés) se leía en un titular «¿Escatimas con tu bebé?«. Jolín, que duro.. Porque la verdad es que lees eso y te dan ganas de ponerte a comprar como una auténtica loca, gastándote lo que no está en los escritos. No vas a ser tú la que racanee para el bienestar de tu bebé. Y de eso se aprovechan, sobre todo cuando eres primeriza. Es como todo… antes de convertirnos en perros viejos en todos los ámbitos de la vida nos fiamos de lo que nos proponen y por miedo a quedarnos cortos nos pasamos. Pasa en un trabajo nuevo, en el que haces más horas de las que debes precisamente por querer no ser menos, por querer agradar, porque no sabes qué es lo que se espera de ti… y así en todo.

Helen Dardik

Así que ¿qué es realmente prescindible en este camino de la maternidad? Esto es, como todo, muy subjetivo. Habrá cosas que a mí me parecen supérfluas y en cambio a otra persona le pueden resultar básicas.

Básico, básico, básico, hay poquito. Hay quienes se deciden por el camino minimalista y podríais alucinar de la cantidad de cosas que se pueden obviar. Algunas tan imprescindibles para otras como el carrito o la cuna. Si practicas el colecho, puedes evitarte minicuna e incluso cuna y pasarlo al dormitorio cuando ya sea mayor y esté preparado para ello. Hay quienes no son tan radicales y se compran una cuna en tandem, acoplada a la cama de los padres y que les servirá hasta el paso a la cama. Pero por poder, sin cuna se puede vivir. A mí, personalmente, me costaría no tenerla, pero como digo, se puede. Con el carrito tres cuartas partes de lo mismo. Te compras un portabebés, de dos tipos si quieres para adaptarte a las circunstancias y no necesitas el carro para nada. Esto a mí me hubiese costado bastante menos porque en la práctica el carro cuando yo voy sola lo uso más bien poquito y la mayor parte de las veces acabo llevando el carro con una mano y a la niña en un fular.

¿Problemas de esto último? Dos le veo yo… uno, que una cosa es de lo que prescindas tú y otra de lo que prescinda tu entorno. Yo podría vivir sin carro, pero en este caso me comería a mi bebita con patatas yo sola todo el tiempo porque ni mi marido ni la familia está dispuesta a llevarla encima. Así que o compramos carro o la tendría adosada todo el tiempo. No es que no la tenga ya, porque en la práctica la niña suele estar conmigo casi siempre, pero carajo, yo también aspiro a tomarme un café de higos a brevas sola sin niña. Un ratito. Nada más. Y el segundo de los problemas es que sí, te quitas el gasto del carro, pero salvo que tengas un autocontrol tremendo en el campo de las compras, lo más fácil es que acabes con fulares, bandoleras, mei-tais, y todo tipo de portabebés en todos los colores, materiales y formas. Conozco auténticas viciosas que estoy convencida de que se han dejado mucho más dinero en estas cosas que en un carro si me apuras. Porque llevan unos precios… así que muchas veces lo de llevarlos en portabebés acaba siendo más una cuestión de estilo de crianza y de opción personal que de auténtico ahorro. No lo estoy criticando, ojo, cada uno se gasta el dinero en lo que quiere, pero necesario, lo que se dice necesario, no es tener quince fulares y cosas varias. Me limito a echar mano de los números, nada más.

¿Qué más no se necesita? Para mí, cosas inútiles son el esterilizador de biberones y el intercomunicador.

El esterilizador si le das el pecho en exclusiva no lo necesitas para nada, y si le das biberón, pues para mí, tampoco. En clases de preparación al parto a nosotros nos comentaron que muchos pediatras directamente dicen que no hay que andar esterilizando porque tampoco es bueno que los niños no estén expuestos a ningún tipo de nada. Los hacemos mucho más frágiles y luego acaban cogiéndolo todo. Que con lavar bien con agua y jabón, incluso meter los bibes en el lavavajillas porque lava a más temperatura es más que suficiente. A mí la teoría me pareció razonable así que con la peque, que tomaba un biberón de higos a brevas ni lo llegamos a subir a casa. Con la mayor sí que lo usé, pero a día de hoy yo no lo utilizaría. Otra teoría que nos dijeron y que también me pareció razonable es que los bebés no es necesario que tomen el biberón caliente. Que la leche materna no sale caliente sino a la temperatura del tiempo así que no es necesario calentarlos. Si los acostumbramos desde el principio a tomarlos a temperatura ambiente se los tomarán tan felices. Esto lo intenté pero como el que le daba los bibes era mi marido cuando yo no podía ni con mi vida y llevábamos horas colgadas de la teta no hubo manera porque él insistía en calentarlos. Pero sigo pensando que tiene mucho más sentido.

Estaréis pensando que qué raro que una madre que le dé el pecho a demanda utilice biberones y quiero explicarlo. Mi hija pequeña era muy demandante, de todo. Lloraba como una loca, todo el santo día, a todas horas. Dormía con ella y me pasaba con la teta fuera todo el santo día. Decíamos que me chupaba la energía porque uffffffff fue un bebé muy duro. Ahora tiene 10 meses casi y la cosa ha cambiado mucho. Pero en aquellos meses, lo de darle un biberón no tenía que ver tanto con que yo no tuviera suficiente leche, ni que mi leche no le alimentara ni ninguna cosa de ese estilo. Yo sabía que sí, que eso era así. Y de hecho sigo dándole el pecho a demanda todavía sin ningún problema. Lo de darle el biberón era, fundamentalmente, cuestión de salud mental y supervivencia. Necesitaba alejarme de ella un ratito, porque literalmente, la tenía colgada de mí todo el día, un día tras otro, durante muchos meses. Era eso, o tirarme por un puente. No sé si me explico.

Sigo tras el inciso. Intercomunicadores. Salvo que tengáis una casa con dos pisos y el peque esté en otro distinto al vuestro mientras duerme, sinceramente no creo que hagan mucha falta. En mi caso, ¡si es que la oíamos antes en vivo que por el chisme! Así que no lo utilicé jamás, salvo en kdds con amigas en las que los críos estaban en la casa de al lado (eran una especie de adosados pequeñísimos). Ahí si que me hizo papel, pero gastarnos una pasta gansa en eso, pues en la mayoría de las ocasiones es innecesario.

Chismes como estos que los vigilan en el sueño y que te informan de las apneas ya no es que me parezcan innecesarios en (casi todos) los casos. Es que me parecen hasta peligrosos porque el riesgo que tenemos de obsesionarnos es mucho mayor que el de que los críos tengan un problema real. A mí, personalmente me parecen hasta desaconsejables, pero igual es que soy un poco radical con el tema.

Hay gente para la que son accesorios incluso los pañales desechables. Y cierto, pueden serlo, pero yo no prescindiría de ellos ni loca. Ojo, los de tela son mucho menos latosos de lo que pueden parecer para un ajeno al tema porque a todas las que tenemos treinta y… nos vienen a la cabeza los picos aquellos que llevábamos nosotras de bebés y nos da un poco de mal rollo. La cosa ha evolucionado mucho desde entonces. Y son mucho más bonitos y más cómodos que aquello. Pero aún así… a pesar de que lo sé, ODIO poner lavadoras, y sobre todo tender, recoger y este tipo de cosas. Así que para mí son un engorro porque chocan con esta fobia mía. Pero para la que no… igual podríais mirarlos. El gasto inicial es mucho mayor, pero a la larga ahorras dinero sin conocimiento.

Cosas que no son imprescibles, sin duda, la hamaquita (os puede salir una como la mía que debió estar un total de 30 minutos en toda su vida en ella), el parque, las mantitas de juegos... hasta la trona si me apuras. Pero una cosa es que se pueda vivir sin ellas, que es cierto que se puede, y otra que nos faciliten la vida. Como digo, en mi caso la hamaquita se reveló como un trasto innecesario por completo en mi segunda maternidad, pero con la mayor me solucionó muchos ratos. Lo mismo la mantita de juegos, que se ha pasado su época de uso sin utilizarla apenas (salvo como juguetero) porque la peque no quería estar ahí ni loca. En cambio con la mayor la utilicé hasta la extenuación. ¿La trona? Siempre podemos darles de comer encima, pero qué queréis que os diga, es mucho más cómodo hacerlo en ella.

Y es que para mí hay mucha diferencia entre lo que es realmente imprescindible, que son pocas, poquísimas cosas, y otra lo que es útil. Y luego está lo supérfluo. Realmente de las pocas cosas imprescindibles si tenéis coche y lo vais a utilizar (si no, ni eso) son las sillitas para llevar a los niños. Tanto, que sin ellas es ilegal llevarlos. Para mí te puedes quitar de muchos sitios, de comprarles una vajilla preciosa, de comprarles ese vestido que te enamora, de comprarte un carro, de comprarlo así o asá, pero siguiendo con la expresión que leyó mi cuñada, en lo único que no se puede escatimar es en los dispositivos de retención para el coche. Porque estamos hablando de seguridad, y con eso no se juega.

Así que ¿se puede ser un bebé minimalista? Se puede. Sin carro, sin cuna, sin trona, sin parque, sin hamaca, sin bolso para el carrito, sin chupete, sin intercomunicadores, sin pañales desechables, sin potitos, sin casi de nada. Se puede, es viable y hay gente que lo hace. Pero creo que no es una opción fácil para muchos y que tiene que ser electiva. De ahí a comprar todo lo que sale hay un paso. Se pueden comprar cosas, y te puedes dar un capricho. E incluso comprar cosas que para gente no son nada útiles y que en cambio a otros les ayudan sobremanera. Se trata de no cegarse, de ser fieles a nosotros mismos y a nuestro presupuesto. Y ya está.

Foto: Dibujo de Helen Dardik

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