Bugaboo by we are handsome      

Hoy he visto la luz. He descubierto que mi hija es (¿era?) un bebé de alta demanda. Y la verdad es que ponerle nombre a lo que le ocurría (¿ocurre?) me ha dejado bastante tranquila. Será una idiotez, pero saber QUÉ a mí me tranquiliza. No me soluciona nada, pero sí que me ayuda.

El descubrimiento lo he hecho tras volver a entrar en una web. Digo volver, porque en su momento, en plena crisis entré pero yo creo que los árboles no me dejaban ver el bosque. Hoy lo he visto con claridad y puedo afirmar, casi sin temor a equivocarme que Mencía fue un bebé de alta demanda. Hablo dudando entre el pasado y el presente porque sin duda la cosa ha mejorado tanto que ahora me da cosa denominarla así. Ahora es una niña con un carácter muy fuerte y que mantiene muchas de las cosas que la hacían complicada, pero la cosa es infinitamente más llevadera. Es que no tiene color. No sé si porque en el fondo somos bastantes parecidas y me resulta más fácil manejarla o porque sencillamente ha dulcificado mucho su carácter pero ahora la cosa no es tan crítica, ni de lejos. El que tuvo retuvo, que dice el refrán, pero ahora mismo ya no sé…

recién nacida llorando. bebés de alta demanda
Foto: recién nacida llorando vía Shutterstock

Mi hija mayor no es que fuera una niña fácil… es que era extraordinariamente sencilla. Algo fuera de lo normal, también. Comía como una lima, dormía como un lirón, no lloraba tan apenas, todo le caía bien, te sonreía a todas horas… un chollo, vamos. Yo fui un bebé difícil (probablemente si nos pusiéramos a rascar también llegaríamos a la conclusión de que muy probablemente fui un bebé de alta necesidad, aunque no lo puedo asegurar), así que todo el mundo me decía que no sabía la suerte que había tenido, que ya me podían haber dado de mi propia medicina. A mí esta afirmación me indignaba y me indigna. Yo no le deseo que sufran lo que yo he pasado a nadie. Pero a NADIE.

El caso es que Mencía cuando nació ya vimos que no iba a ser lo mismo. Lo primero que me dijeron las enfermeras es que “vaya carácter” que tenía la niña. Y efectivamente así fue. Se enganchó a la teta como si le fuera la vida en ello y demandaba el calor humano como no había visto hacer a su hermana nunca.

Los primeros meses de Mencía fueron horribles. Pero cuando digo horribles es que fueron terroríficos. Yo no soy una persona nada tendente a la depresión, soy muy positiva y optimista y aún así, tenía momentos en que me quería tirar por el balcón. Era la niña o yo. Creo que si no lo hice fue sobre todo porque contaba con mucha ayuda de mis padres y porque la mayor, que contaba con tres años, se mostró tan madura que me facilitó las cosas muchísimo.

La niña lloraba siempre. Daba igual lo que hicieses: o lloraba, o estaba en el pecho, o, rara vez, dormida. Como he leído a una madre de un bebé de alta demanda, a mí no me salían las cuentas por ningún sitio. Si se suponía que tenía que dormir 16 horas al día de media, tal vez un poco menos, la mía, a lo sumo, de recién nacida dormiría 10. Y eso con suerte y sumando todos los momentos del día en los que se echaba una corta siesta. Otras 10 horas se las clavaba llorando a todo llorar, no como otros bebés que gruñen o remugan un poco. No. Llorando a grito pelado, como si la estuvieses matando. No era una cuestión de cólicos, porque se clavaba llorando de la mañana a la noche, aunque sí que es cierto que a ciertas horas la cosa se agudizaba. No es que llorase más, que era imposible, es que lloraba TODAVÍA más fuerte.

Pasear con el carrito con ella era un infierno. Mi padre, que se pasó la primera infancia de la mayor dando vueltas por la ciudad mientras ella dormía, desistió después de muchos intentos. Me pasé a los fulares por puritita supervivencia. Era la única manera que tenía de que ella se durmiese con normalidad, un tiempo razonable y descansara algo. Pero claro, estaba muy bien por una parte, pero por otra era desesperante porque claro, me obligaba a mí, que no descansaba nada a estar haciendo otras cosas distintas a dormir, que era lo que necesitaba. Aún así, siempre digo que me salvaron la vida, porque es que había momentos en los que, sencillamente, no aguantaba un minuto de llanto más.

Creo que era el contacto físico lo que la tranquilizaba. Pero la peque era muy exigente. No servía llevarla en brazos. Ahí lloraba lo mismo. Tenía que ser con el fular, únicamente. O eso, o el pecho. Para callarla no me quedaba otra, o sacarla a pasear en el fular o bien ponérmela a la teta donde mamaba como una descosida. Tengo la sensación de haberme pasado esos primeros meses con el pecho fuera a todas horas. Pero es que si no lloraba, que era peor, al menos para mis nervios. Lo que pasa que tanta teta al final le hacía encontrarse peor porque se empachaba (es que estoy hablando de mucho tiempo ahí) y era peor el remedio que la enfermedad.

Me habían regalado una fantástica hamaca que se ha quedado nueva, sin estrenar. Creo que estaría a lo sumo 10 minutos sumando todos los ratitos que la puse en toda su vida. Era horrible. La ponías ahí y los gritos se oían en Pernambuco, así que la tenía que quitar.

Dormir por las noches era una odisea. Yo estaba agotada, sin energía, y la única manera de que conciliara el sueño no era que se durmiera en brazos, era que yo durmiese con ella. Francamente, estaba tan cansada que no tenía ganas de discutir, y me acostaba con ella. El problema era que no podía ni levantarme para ir al baño. Por más que hiciera posturas de contorsionismo para levantarme sin hacer ruido (daría para un monólogo del club de la comedia), siempre se despertaba y empezaba a berrear, fuese la hora que fuese. Con lo que he llegado a estar sentada en la taza del váter con la niña enganchada a la teta para que no llorase. Era horrible.

bebé llorando
Foto: bebé llorando vía shutterstock

Lo peor era no poder ni disponer de medio segundo de tiempo para mí. Me acostaba con una niña llorando y me despertaba con la misma niña encanada. Conseguir vestir a la otra sin que fuese una batalla campal y un show era imposible. Me rendí a la evidencia, y aunque me doliera esos minutos tenía que dejarla llorar. Encima de mí, la mitad de las veces, porque si no era peor, y vistiendo a la otra con una mano. Acababa con mi paciencia y con mis pocas fuerzas. Me consolaba pensando en que ya pasaría y que la cosa se acabaría haciendo más llevadera. Porque nadie me ofrecía soluciones, ni una ayuda real. Leía en los foros de crianza natural que los niños en brazos, porteados, que dormían con sus padres y alimentados con teta eran más tranquilos ¡ja! ¡Y una leche! Yo hacía todo eso y aún así, lloraba como una descosida.

El peor momento, con diferencia, era cada vez que nos montábamos en el coche. No es llorase un poco. Es que berreaba de tal manera que tenías la jaqueca asegurada. Yo tengo que coger el coche varias veces al día así que no nos quedaba otra, y todas esas veces iba sola, con ella y con la mayor. Como era un sí o sí, no quedaba más remedio porque teníamos que ir al colegio de la mayor y eso tenía sus horarios, me armaba de la poca paciencia que tenía y a hacer nervios. Por supuesto, hemos tenido que dejar de viajar de raíz. Hasta hace un par de meses no me he atrevido a hacer un recorrido de más de media hora porque como le diera por llorar, el accidente estaba garantizado. La gente que no lo ha sufrido, sencillamente es que no se puede hacer a la idea de lo que es y del volumen que puede alcanzar una cosa tan pequeña. Mi hermana una vez vino con nosotros en el coche diez minutos y su comentario fue “tu hija es el mejor anticonceptivo que existe”. No diré más.

Para mí, sobre todo, la cosa fue durísima. Hasta que no tuvo unos cuantos meses, ni me podía plantear dejarla media hora con nadie. Ella, y lo dejaba bien claro, quería estar conmigo. Como la teta y el porteo eran lo único que la calmaban y yo era la única que podía hacerlo (el porteo podía alguien más, pero no se animaron), pues a morir al palo. Y dormir lo mismo, sólo quería hacerlo conmigo. Así que me la comí con patatas todo ese tiempo. Como digo, menos mal que estaban mis padres, porque por lo menos había ratos que la oía amortiguada y me echaban muchas manos con la logística de la mayor. Porque con ella no podías hacer NADA de la casa. ¡No podías dejarla ni un segundo! Y me entendían perfectamente, que era algo que yo necesitaba como el comer.

Mi marido no lo entendía. No por nada, porque por las noches intentaba echar manos, pero simplemente era una cuestión de horas con ella. Nadie que no estuviese muchas horas al día, durante días consecutivos podía llegar a entender lo horroroso que era aquello. Porque te iba minando día a día. Aún no habías terminado de recuperarte del día anterior que ya estabas enfangada en el siguiente, que era más de lo mismo. Así no había manera de recuperar la cordura. Oía a madres que decían que lo único que querían era pasar más tiempo con sus hijos y yo me quería morir. Yo lo único que quería era separarme de ella de vez en cuando, respirar, airearme, tener un ratito para mí. Porque encima semejante estrés, cansancio y de todo, lo único que hacían era que yo estuviese de mal humor a todas horas. Cuando llevé el papel para pedir la excedencia de seis meses que todavía hoy disfruto (hasta dentro de 15 días) lloraba. Hubiese vuelto de cabeza a trabajar, pero vamos, sin dudarlo ni medio segundo. Más que nada porque me estaba volviendo loca por momentos.

madre agotada
Foto: madre agotada vía Shutterstock

Lo peor era la incomprensión. La superpsicología de la gente. Algunos se ponían en tu piel durante unos segundos y más tarde te sorprendían diciéndote que si no ibas a no sé dónde de viaje. ¿Qué parte de “yo con esta no voy ni a la vuelta de la esquina” no habéis entendido?. Que no es que lo hicieran con mala intención, no digo eso, pero te desesperaban igual. Planes en los que te incluían que tenías que declinar porque con la niña así no viajo. Y te miraban con cara de “qué exagerada eres”. Pues no. Ni una gota. Más tarde lo de viajar se convirtió en “esperemos que tenga un día bueno, me veo con fuerzas de probar”, ya no lloraba siempre-siempre. Ahora sólo llora a veces, muchas, pero os juro que llega un momento en que una se acostumbra a lo inacostumbrable.

Lo que me desquicia es cuando tienen el valor de decirte directamente que eres una exagerada y que todos los niños lloran. Creo que soy una persona bastante ecuánime, e igual que con la mayor era perfectamente consciente de que no era lo habitual que fuesen tan buenos, sé valorar cuando tiene un buen día, uno malo, sé que normalmente se porta bien, que es bastante buena aunque a veces se le crucen los cables (como a todos), con la pequeña también. Y cuando digo que no era normal lo que lloraba creedme que no lo era, ni todos los niños lloran así. No es la única (y eso consuela, leer testimonios de gente que está en tu misma situación y te entienden al menos te tranquiliza), pero a mí que no me digan que es lo normal porque no lo es. A mí me flipaba (y eso que lo había vivido con la grande) eso de ir a una cafetería y ver a un bebé tranquilamente en su capazo, independientemente de que acabara de comer. Mi hija NUNCA estaba así. Lo de ir a comer por ahí estaba completamente descartado. Y os prometo que soy una madre bastante lanzada, que nunca se me ha puesto nada por delante. Yo me cogía a mi hija mayor y ha paseado desde el minuto cero, con frío, con calor, me he ido a donde ha hecho falta incluso recién parida. Pero con la otra no es que no quisiera, es que no podía. Los pollos que podía montarme en cualquier lado eran de órdago, de los que hacen que se vuelva la gente. A mí que no me vendan que eso es lo normal. Desde luego no es único, ni es la primera ni la última que es así. Pero así, gracias a dios, no son la mayoría de los niños.

Las características de un bebé de alta demanda

Se cita al Dr. William Sears que parece ser que es quien ha hecho un estudio más pormenorizado sobre estos niños son, según cita literal:

“Características de un bebé de alta necesidad:

  • INTENSIDAD: Estos bebés ponen más energía en todo lo que hacen: lloran muy alto, comen vorazmente, sonríen con gusto y protestan con más fuerza si sus necesidades no son cubiertas a su satisfacción.
  • HIPERACTIVO: Relacionado con la intensidad arriba referida. Causa hipertonía muscular. Les va por ello muy bien el contacto físico, que les relaja
  • ABSORBENTE:¿Sientes que tu bebé te “chupa” toda tu energía?
  • MAMA FRECUENTEMENTE: Eso significa que hay días que dudas ¿me habré convertido en un chupete humano? o que puede llegar a mamar cada hora, o cada 20 minutos, o cada… nadie le dijo a este bebé que los bebés maman con regularidad.
  • DEMANDANTE: Si sientes que nunca llegas lo suficientemente rápido junto a él, sus demanadas tienen un carácter de “urgencia” exagerada y a las 5 de la tarde todavía no te has podido duchar por atenderle.
  • DESPERTARES FRECUENTES: Un bebé que necesita más de todo menos dormir. Se despierta cada hora, por la noche puede ser desesperante. Y como se te ocurra toser o estornudar allí estará con sus ojitos abiertos.
  • INSATISFECHO: Lo has probado todo y nada funciona ¿seré una madre incompetente? No, estos bebés son así. Tendrás que jugar a prueba y error constantemente. Cuando atines con lo que le pasa, no te olvides de felicitarte.
  • IMPREDECIBLE: Lo que ayer funcionaba hoy ya no sirve . Vuelve a leer el punto anterior y deja de pensar qué estás haciendo mal.
  • HIPERSENSIBLE: Se excita con cualquier cosa. Están siempre en estado de alerta, ruidos normales les sobresaltan. Muy empáticos.
  • PIEL CON PIEL: No les basta con que mamá esté cerca, quieren tocarla, así que quieren brazos, dormir con ella… extraen del entorno el máximo contacto físico posible.
  • NO SE CALMAN SOLOS: No sólo necesitan ayuda para dormirse, como cualquier bebé; también la necesitan para seguir dormidos.
  • SENSIBLE A LA SEPARACIÓN: La canción “Only you” es su tema favorito. Parecen vivir en una eterna fase de angustia de separación. “

(Citan como fuente primaria Dormir sin llorar)

Mi hija cumple punto por punto todas estas características. No se deja ni una. Y os creáis o no, ayuda ponerle nombre a lo que le pasa.

padre frustrado
Foto: padre frustrado vía Shutterstock

Otro horizonte es posible…

Cuando era un bebé, yo tenía la sensación de que mi hija no era feliz, por más que hiciera. Como dice uno de los puntos, lo probaba todo y nada funcionaba. Era horrible, porque por más empeño que pusiese nunca era suficiente. Alguna vez, ya más mayor, llegué a dejarla una hora con mi suegra y no pude más… en el bar de abajo de mi casa me entró tal llorera que mi querida camarera favorita me tuvo que hacer terapia e invitarme a un café a ver si me calmaba. Soltar semejante tensión me liberó bastante. Y los pocos minutos que comencé a robar a partir de entonces me ayudaron mucho.

Ahora la cosa ha mejorado mucho. Sigue siendo una bebita extrema: o está muy contenta (que ahora por suerte comienza a ser su estado natural) o está atacada de los nervios. Pero al menos ya no es su estado normal. De hecho, en general es bastante simpática. Sigue muy apegada a mí, le encanta su teta, ir en fular la sigue calmando mucho pero ya no llora a todas horas. Eso sí, cuando me necesita, me necesita, y a mí, no a cualquiera. Llora menos en el coche, aunque cuando se le cruzan los cables, lo mismo te da, llora. Y no sirve parar. Se calmará, pero en el momento en que emprendes la marcha de nuevo estás en las mismas. Así que rezas porque los kilómetros vayan pasando y llegar pronto a tu destino. Dormir también lo hace mejor. No se echará jamás las siestas de su hermana, pero duerme bastante mejor y más que cuando era una bebita recién nacida. Eso sí, si me acuesto con ella, la hemos fastidiado porque se despierta mucho más y duerme peor. No sé porqué, pero concilia mejor el sueño si se duerme en su cuna y si la acuesta su padre. Si la acuesto yo, es como si se resistiera a dejar el pecho para irse a dormir. En el momento en que la muevo, la hemos fastidiado. Así que como con su padre se duerme en un tiempo razonable (por supuesto en brazos, ni me planteo hacerlo de otra manera) y luego aguanta mucho más dormida, pues así lo hacemos.

Así que es posible otro horizonte, el ir mejorando y hacia cosas que sean más llevaderas. A que ella pueda estar más feliz y yo también.

Espero poder haber sido de ayuda a quien esté en la misma situación que viví yo. Ánimo: podemos sobrevivir a los bebés de alta demanda y que ellos y nosotros seamos felices.

Puedes leer la siguiente parte de este post aquí.

31 Comentarios

  1. ¡Hola! ya sé que esta entrada es algo antigua, pero no sé como he llegado a ella, jeje. He escrito una entrada en mi blog sobre mi pequeño de Alta Demanda y he enlazado a la tuya porque me he sentido muy identificada en casi todo lo que cuentas y porque además veo que es muy completo lo que pones. La entrada la publicaré más adelante, pero que sepas que me alegro de poder leerte y de que hayas sido capaz de expresar lo duro que es y la incomprensión que se sufre. Lo bueno es que con el tiempo mejora la situación.
    Un abrazo.

  2. Hola somos primerizos en esto de la paternidad/maternidad, Julia va a cumplir dos meses y desde el tercer dia de vida la niña no para de llorar, dia y noche, duerme pokisimo, toma teta como las poseidas y al poco la suelta y llora y al poco vuelve a tomar. Nos dicen k está muy espabilada porque desde los 15 dias la niña se fija en todo, mantiene el cuello muy recto, es muy ansiosa. No sabemos ya que darle para el colico del lactante y es que yo pienso que lo que mi bebe tiene no es colico, mi bebe es de alta demanda, cumple todas las caracteristicas que describes y tanto mi mujer como yo estamos desesperados, yo que soy enfermero y trabajo en neonatologia me siento inutil e impotente porque no se que hacer para calmarla, en fin que estamos desesperados un saludo muy fuerte, me ha valido saber k no somos los unicos porque los comentarios de amigos y familiares no hacen mas k empeorar

    • Ánimo! Los niños de alta demanda pueden ser agotadores… la suerte es que con el tiempo mejoran y son niños muy especiales. Lo importante es aguantar el tirón. Paciencia (ya, pero me diréis ¿y eso como lo consigo?) y sobre todo asumir que eso es así y que no estáis haciendo nada mal. Mucha fuerza y ánimos!

    • Hola! Sé que este post es de hace tiempo pero espero que puedas leerme y contestarme.
      Tengo una hija de 4 meses y desde el 3r día no para de llorar. Es tal cual defines de Julia.
      Los 2 primeros meses no sabía estar despierta sin llorar y ahora aunque ha mejorado algo sigue llorando mucho, siempre quiere atención y no puedo ni lavarme los dientes sin gritos ni llanto. Tengo que salir a la calle con porteo porke monta pollos en el carrito. Tampoco podemos ir en coche, llora al bañarla,…
      Estoy agotada física y psicológicamente y mi hija a sido deseada, tuve muy buen embarazo y a pesar de tanto llanto le damos todo el amor del mundo. Pero estoy empezando a claudicar. Me siento muy frustrada y apenas disfruto de lo agotada que estoy.
      Cuándo mejoró Julia? Tengo pánico pensando que mi hija será un monstruo de niña y no me querrá. Quiero disfrutar con ella pero llora tanto!

  3. Hola somos primerizos en esto de la paternidad/maternidad, Julia va a cumplir dos meses y desde el tercer dia de vida la niña no para de llorar, dia y noche, duerme pokisimo, toma teta como las poseidas y al poco la suelta y llora y al poco vuelve a tomar. Nos dicen k está muy espabilada porque desde los 15 dias la niña se fija en todo, mantiene el cuello muy recto, es muy ansiosa. No sabemos ya que darle para el colico del lactante y es que yo pienso que lo que mi bebe tiene no es colico, mi bebe es de alta demanda, cumple todas las caracteristicas que describes y tanto mi mujer como yo estamos desesperados, yo que soy enfermero y trabajo en neonatologia me siento inutil e impotente porque no se que hacer para calmarla, en fin que estamos desesperados un saludo muy fuerte, me ha valido saber k no somos los unicos porque los comentarios de amigos y familiares no hacen mas k empeorar

    • Ánimo! Los niños de alta demanda pueden ser agotadores… la suerte es que con el tiempo mejoran y son niños muy especiales. Lo importante es aguantar el tirón. Paciencia (ya, pero me diréis ¿y eso como lo consigo?) y sobre todo asumir que eso es así y que no estáis haciendo nada mal. Mucha fuerza y ánimos!

  4. Madre mia….me he sentido super identificada, como si lo hubiera escrito yo palabra a palabra, mi hija es asi. Yo no tuve ayuda de nadie y creo q llegue a la depresión total…me sentía fatal…una mala madre, todo el mundo opinaba: hambre, sueño, trae q no tienes ni idea…y eso te va machacando dia a dia. También se ve afectada la pareja ya que no puedes con todo, te sientes fatal, no duermes y es muy muy muy pero que muy duro. Eso si, solo la gente que tiene niños asi lo entenderá yo me levantaba llorando con ella y me acostaba llorando con ella.

Dejar respuesta

Por favor, deja tu comentario
Por favor, escribe tu nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.