martes, septiembre 29, 2020
Maternidad Ser la mama blanca de un niño negro en el Caribe

Ser la mama blanca de un niño negro en el Caribe

Hoy os traigo un post invitado. Mi amiga María Landa a la que conozco desde la Universidad abrió un grupo en facebook y su primer post me conmovió tanto que le pedí por favor que lo tradujera y poderlo colgar aquí. Ella es madre de dos niños. El mayor, Nicolás, es adoptado mientras que Alejandro, el pequeño, es biológico. Me pareció tan fascinante que lo que cuenta que simplemente tenía que compartirlo. Os recomiendo que la sigáis en su grupo Faces of Families Around The World y a ella, le digo que haga el favor de abrirse un blog para contar estas cosas. 

Faces of families around the worldPor María Landa. Crecí en una pequeña ciudad donde todos éramos blancos en la España de los 80 y 90 así que hasta bien mayor no había pensado demasiado en el tema de la raza. Cuando mi marido y yo decidimos adoptar en 2009 no teníamos ninguna preferencia racial o de género, simplemente estábamos llenos de amor y nos moríamos por dárselo todo a nuestro futuro bebé.

Desde el día en que mi hijo llegó a nuestras vidas he deseado varias veces convertirme en una mujer negra, pero nunca, ni una sola vez, que él se convirtiera en un niño blanco. Tengo que admitir que me siento algo confundida sobre cómo abordar los temas raciales con mi hijo, y aunque primero pensé que en un mundo ideal todos seríamos ciegos a las diferencias de color y raza mis creencias han ido cambiando con el tiempo. No quiero robarle esa parte de su identidad, sé que va a experimentar la vida como un hombre negro y el mundo real no es daltónico, creedme, después de haber vivido en Francia, EEUU, África y el Caribe lo sé. Así que ahora pienso que tiene derecho a conocer y celebrar su diferencia, a estar orgulloso de sus raíces.

En la isla del Caribe donde ahora vivimos soy yo la que parece estar fuera de lugar. Sé que mi hijo a veces desearía que me pareciera más a las mamás de sus amigos e incluso una vez me preguntó si no podía pintarme un poquito de marrón. Cuando estamos aquí es su hermano pequeño con el pelo rubio el que se lleva toda la atención, pero cuando viajamos a Europa todos los ojos se posan en él. Sobre todo gente amabilísima que me dice lo guapísimo que es, pero que constantemente nos recuerdan que tiene un aspecto diferente. Donde quiera que vamos, España, Colombia o aquí en el Caribe, la gente nos mira. Casi nunca se nos permite olvidar que la adopción es la manera en la que nos convertimos en una familia, y a mí me parece bien, pero a veces a él no. Tiene seis años y lo que más desea en el mundo es ser como todos los demás.

Mucha gente puede pensar que probablemente estaría mejor creciendo en una familia negra. Mi pensamiento es éste: nadie elige a sus padres, incluso si tenemos la suerte de ser parte de una familia medianamente funcional y sana nadie tiene padres perfectos. Como papas venimos dentro de un paquete. Junto con su madre y su hermano pequeño rubios viene su padre colombiano, la suerte de crecer como un niño bilingüe hablando español e inglés, sus tres pasaportes (Español, de Trinidad y Tobago y de Colombia) y sus constantes viajes intercontinentales. Supongo que como madre tengo pros y contras, como cualquier otra madre, por otro lado.

Al igual que todos vosotros durante mis treinta y pico años de vida he oído comentarios racistas y, como me pasa con los comentarios homofóbicos y demás comentarios basados en el odio, nunca me han gustado y nunca me gustarán, pero ahora los vivo de una manera completamente diferente. Los siento como una patada directa al estómago. Ya sé que nunca voy a ser una mujer negra y no voy a saber lo que se siente al serlo, pero ahora vivo el tema racial de otra forma. Tengo que contener las ganas saltar a la yugular de cualquiera que se meta con ese tema de una manera que creo sólo otras madres y padres podrán entender.
Ya sé que no soy una mujer negra, soy bajita y rubia, con una cara de no haber roto nunca un plato, pero también soy la súper protectora madre de un niño negro de 6 años, y creedme cuando os lo digo: MUERDO.

Walewskahttp://www.mamisybebes.com
Madre de dos niñas. Gafapastas. Cuqui de barrio. Me gusta tomarme la vida con humor. Cuando tengo un rato libre me abro un blog. Escribí Relaxing Mum of café con leche. Me gusta andar descalza, creo que los postres sin chocolate no son postres y soy compulsiva en todo lo que hago.

7 COMENTARIOS

  1. Y muy bien que haces al morder. Yo soy de Costa Rica de piel clara y ojos azules, crecí en Sevilla sin llamar la atención pero mi hermana es muy morena y en los 80 no había más razas que la marroquí y la Romaní. Mi hermana ha sufrido esto de que la sacaran a bailar bulerías en el patio del colegio (gracioso y con buena intención pero sin pizca de gracia para ella) y eso que no llama tantísimo la atención. Al final, de adultos todo se supera. Ese niño tuyo dejara de ir a tu lado constantemente aunque llevara cada cosa que le hayas enseñado. Las razas llaman la atención pero sólo aporran valor. Besos!!!

  2. Me ha encantado el post!!! Y claro que debes morder, como cualquiera de nosotras cuando se trata de proteger a nuestros hijos por ellos somos capaces de hacer cualquier cosa!!

  3. Claro que sí! Muerde!!! Y difrázate!! Píntate de marrón y salid a jugar y a pasear!!! ¿Te imaginas? Creo que toda la vida os acordarías de esa performance «ahora soy negra pero en realidad nos da igual lo que digan los demás sobre nosotros». Un besazo enorme!!!!!

  4. María, enhorabuena me ha encantado tu escrito . Es increíble …morder es poco …yo tengo a Pablo y ahora en 15 días tendré una niña…es increíble lo q te dan estos pequeños . Es una bendición xa la familia.
    Mil besetes y sigue así lo estas haciendo …simplemente genial!!

  5. Yo también soy madre blanca de hija negra, a la que adoptamos en Etiopía, y como te entiendo, me he mordido la lengua alguna vez pero ya no estoy dispuesta, morderé tb a quien me ofenda con una actitud racista, cada vez lo aguanto menos y lo triste es que sigue avanzando el fenómeno. Mi hija quiere que yo sea negra y no lo soy por fuera aunque por dentro así me sienta a veces.

    Ánimo, no estás sola

    Un beso

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