Y ya está. Agosto ha llegado a su fin. Esta semana andaré atareada preparando el cumpleaños de las niñas (este viernes en sus pantallas), un pequeño sprint más, y hala, a la rutina de todos los días. Por un lado he de decir que echaré de menos ese mes aunque, como todos los años, me hincho a trabajar. Aprovecho que no están tanto las niñas para escribir como si no hubiera mañana y planear las cosas de los meses que vienen. Pero por otro, aceptémoslo, yo soy la persona más rutinaria sobre la faz de la tierra. Me gusta la rutina, los horarios ordenados, el saber a qué atenerme mañana, pasado y al otro. Como digo muchas veces, para un montón de cosas soy «de Prusia», muy organizada y necesito tenerlo todo controlado para dar el 200%.

Tardes de verano en agosto

Este año me invade un poco la añoranza. Aldara cumple 8 años. ¡¡¡OCHO!!! ¡¡¡UNO DETRÁS DE OTRO!!! ¡Pero si fue ayer cuando la tuve! Y en un año más DIEZ de casada. La verdad es que estas cosas marean un poco cuando las piensas, así que casi me hago un Escarlata O’Hara y ya lo pensaré mañana. Una de las cosas en las que más he pensado este verano es precisamente en mis veranos de cuando yo tenía la edad de mi hija.

Más o menos para entonces fue cuando mis padres compraron la parcelita en el camping donde están las peques con mis padres. Cuando nos instalamos ahí teníamos muchas menos comodidades de las que tenemos ahora. Cemento, una caravana diminuta, una caseta para la cocina y el baño y césped. Y pare usted de contar. Aún así, yo recuerdo habérmelo pasado TAN bien.

Teníamos la suerte de que bien cerca había dos parejas de hermanas, casi con la misma edad que nosotras, así que nos juntábamos seis niñas a jugar a todas horas. Una de las cosas que más me sorprende es cómo narices hacen mis hijas para estar continuamente aburridas. ¡Si a nosotras nos faltaba tiempo!

Nuestro pasatiempo favorito era hacer casitas. Así nos hemos quedado de taradas, con obsesión por ellas treinta años más tarde. Lo que me extraña es que no hayamos salido ninguna arquitecta porque teníamos una maña… Utilizábamos dos árboles y el seto. Pasábamos una cuerda para hacer de estructura para el techo, utilizábamos sillas para dar consistencia a las paredes, y luego telas, más telas, cojines y de todo. Sólo quedaba sacar los vestidos sesenteros de mi madre y mis tías y ¡a disfrazarnos! Las horas muertas nos pegábamos… eso sí, parecía que había un poblado chabolista acampado en el jardín, suerte que a mi madre nunca le importó… Otra veces nos llevábamos los cacharros a la vaguada, que no era un centro comercial sino un sitio un poco alejado para montarnos un club parecido al de Los Cinco.

Otra cosa no, pero creativas éramos un rato. También jugábamos a hacer cajas fuertes con mecanismos imposibles, a crear parques de atracciones o a montarnos nuestras coreografías. Y por supuesto, nos hinchábamos a jugar a juegos de mesa. Pronto os enseñaré algunas de las cosas a las que jugábamos porque ¡seguimos teniéndolas!

No se es nadie en la vida si no has jugado al mentiroso y le has endiñado a la vecina de al lado un montón de cartas, si no has gritado PUMBA (o ¡Uno! en la versión moderna) como si no hubiese un mañana, si no te has medio lesionado, o lesionado del todo, jugando a burro. Hay que ver lo que se puede uno divertir con una triste baraja de cartas…

Lo que más lamento es que ahora ya no dejen ir a la piscina con flotadores. No tanto para los peques (que la verdad es que no son NADA seguros) sino ¡para las mayores! Como nuestra piscina estaba casi desierta uno de nuestros mayores entretenimientos consistía en jugar, igual que si fuéramos delfines, a tirarnos de cabeza atravesando el agujero del flotador. La de chismes de esos que rompimos conforme nos íbamos haciendo mayores y se nos iban engordando los culos 🙂

¿Es normal añorarlo tanto?

10 Comentarios

  1. Hola, Walewska:
    Aunque te leo asiduamente, es la primera vez que me animo a dejarte un comentario. Creo que la añoranza intensa va unida a una personalidad melancólica (o por lo menos en mi caso es así). Es estupendo poder rememorar una infancia feliz y que de alguna forma siga estando presente. Por cierto que yo también me pregunto cómo mi hija se puede aburrir tanto cuando a mí, de pequeña, siempre me faltaban horas para jugar. Maia tiene cuatro años y le gusta jugar acompañada y cambiar de tercio cada diez minutos.
    Me gusta mucho tu blog y a veces siento como si nos conociéramos.

    • Hola Aída: Me encanta cuando me dejáis comentarios tan cariñosos. Yo no soy especialmente melancólica, pero de vez en cuando me gusta viajar a esos momentos. ¿Verdad que es sorprendente que los niños se aburran cuando hay tantas cosas a las que jugar? Un beso gigante y espero que me dejes más comentarios, que me gusta leeros!

  2. Sí, es muy normal añorarlo tanto, el paraíso perdido de la infancia. Y tú tienes la suerte de poder recuperarlo de una manera física. Precisamente el otro día tuve una conversación con un buen amigo sobre ello. Yo me pasé mis veranos de infancia en una casa que tenían mis abuelos, pero que mi madre y mi abuela vendieron hace más de quince años. No sólo la añoro sino que añoro el hecho de no poder compartirla con mi hija, de no poder llevarla al lugar donde su madre pasó gran parte de su infancia. Mi amigo ha estado este verano en una casa que tiene su familia y a la que llevaba muchos años sin ir. Ha ido con su hija y ha recuperado un trocito del paraíso de su infancia con ella. Eres afortunada, tú la tienes cerca y puedes disfrutarla con tus hijas, aunque crezcan a pasos agigantados 🙂

  3. Ay, qué recuerdos… las cajas fuertes, las casitas, las coreografías. los juegos sin fronteras, gritar burro hasta desgañitarte…
    La verdad es que lo pasábamos genial en el camping. Fueron tiempos felices 🙂

  4. Yo recuerdo mi infancia muy a menudo, veraneaba en un pueblo pequeñito de Ávila con mis abuelos y me faltaban horas para jugar.
    Tengo la suerte de vivir en un pueblo de León,es bastante grande pero aun así mis hijos,bueno la pequeña que tiene 2 años recién estrenados menos pero el mayor que tiene 5 me recuerda mucho a mi. Todo el día en la calle,nunca dice me aburro,le encanta jugar a las canicas,la rayuela, la comba,fabricar tiendas de campaña, echar carreras con cualquier vehículo y sin casco ni protecciones,le encanta hacer mejunjes con arena, agua y hiervas……bufff
    La verdad es que me encanta que su infancia sea como es y la verdad es que teniendo Wii,DS, tablet y mogollón de juguetes siempre prefiere ir al parque a estar en casa.
    Me encanta tu blog,lo leo todo todito.
    Un saludo

  5. Yo creo que sí, que es normal añorar a veces y a ratos eses momentos felices de tu infancia que todos recordamos, sobretodo yo creo que pasa cuando ves a tus hijas/os crecer entonces es cuando empiezas a añorarlos e intentas compartirlos con ellas/os, para que vean que, para divertirse y pasarlo bomba, no es necesario tener ni una tablet ni un ordenador ni ningún aparato electrónico, con unos simples cojines o telas o una baraja de cartas o un juego de mesa, o yendo en bici, etc…cosas mucho más simples como dices tú, se pueden pasar horas y horas muy divertidas. Un besazo y feliz semana de preparativos cumpleañeros!!!

  6. Una semana del verano siempre la paso en el mismo sitio de playa, entre otras cosas porque mis padres viven allí. Pero también es porque llevo veraneando allí mas de 20 años y me produce una añoranza increible ir cada año y rememorar cada rincón del pueblo, cada heladería o cada espacio de la playa en la que estuve con mis amigas, amigas que aún conservo y que ahora nuestros hijos siguen nuestros pasos. Así que te entiendo perfectamente!!.

  7. se tiene añoranza de otros tiempos porquefuimos felices y se marcaron a fuego en nuestra memoria. Yo tampoco entiendo ahora que se aburran. Claro que eran otros tiempos y la imaginación era mucho más importante que la cantidad de juguetes que tienen ahora.
    Muacks

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