Como estamos acercándonos al final del curso muchos de nuestros hijos apuran estos días en los que hace un calor que te cagas de la muerte, están cansados, los profesores a punto de cortocircuitar y con los exámenes a la vuelta de la esquina haciendo actividades varias. Entre ellas irse de excursión. Las excursiones infantiles son un mundo WTF en sí mismas. Recuerdo la primera excursión de mis hijas que consistió en algo tan fascinante como ir al parque a coger hojas. O sea, a veinte metros de la guardería, metro arriba o abajo. 

El día que recogieron hojas lo dejaron limpio como una patena
El día que recogieron hojas lo dejaron limpio como una patena

Eso sí, tú lo planeas como si se fuera a dar la vuelta al mundo o si fuesen a escalar el Aconcagua. El día anterior preparas un menú casi de tres platos: bocadillo para almorzar, bocadillo para comer, agua como si a donde fueran no existieran fuentes, fruta, postre, cochinadas varias que ese día ni engordan, ni producen caries ni nada de nada…  Y claro, en la mochila de todos los días no cabe así que tienes que buscar otra más grande detrás de la que tu hijo casi ni se ve de lo enorme que es en proporción a su tamaño.

He de decir que admiro a los maestros de los jardines de infancia porque es cierto que aunque vayan al lado mover a un montón de enanos tiene un gran mérito. Cuando son chiquitines la logística es un show porque tienen que llevar pañales, mudas y de todo y claro eso, otra cosa no, pero abulta un montón. Y sólo conseguir moverlos y que no se les vaya el santo al cielo es para nota. No me extraña que vayan aquí al lado. ¡Como para ir más lejos!.

No pongas esa cara: es así
No pongas esa cara: es así

En educación infantil me tocó ir a unas cuantas veces de excursión con las clases de mi hija como apoyo a la profesora. Una de las cosas que más gracia me hacía siempre es que antes de salir había que hacer una impepinable ronda de visitas al baño. Impresionante. Veintitantos niños haciendo pis casi en bucle ¡era hipnótico! Pero es que no te podías ni plantear irte a ningún lado sin la visita de rigor de todos, sin excepción. Al que te decía que venía con el pis hecho de casa lo mandabas igual porque si no sabías que en cinco minutos pudiera ser que se hiciera pis. Y se lo hiciera.

tengo que ir al baño. YA. AHORA
tengo que ir al baño. YA. AHORA

Las excursiones con niños tan pequeños son tremendamente divertidas. Das dos pasos y ya están todos acabados. Te pasas el día contando niños como si fueran ovejas antes de dormir no vaya a ser que se te despiste alguno, cosa que es bastante fácil por otro lado porque tienen una increíble capacidad para ir mirando a las musarañas. Para eso y para pelearse con el de al lado. Hacer una fila es cosa chunga porque todos quieren ir delante y con un compañero concreto. Ese es el equilibrio del universo. Y es montarse en el autobús y todos o bien se marean o caen fulminados por el sueño, especialmente en el de vuelta ¡no falla!. Es dura la vida del pequeño castor.

Agotamiento extremo
Agotamiento extremo

La ventaja de llevarlos de excursión cuando son tan pequeños es que son agradecidísimos, oye. No te tienes que romper los cascos nada, todo les parece excitante. Te los llevas al lado, y felices de la vida. Te vas más lejos y mira qué bien, en autobús, como si aquello fuera lo más mejor del mundo mundial. Ahora casi todos los niños van al cole al lado de casa pero cuando yo era pequeña no y la mayoría de mis compañeras estaban hasta el moño de ir en autobús escolar todos los días. Eso sí, se ha perdido la sana costumbre de cantar en el autobús escolar a grito pelado. Los autobuseros señores conductores de autobús del mundo deben estar desolados. ¡Ahora sólo les quedan las excursiones infantiles para que les amenicen!

autobus escolar

Lo que no cambia tengan 2 o 10 años es la emoción de salir de la rutina y hacer algo diferente. Los pobres están un poco hasta el moño de estar en clase cocidos en su jugo así que cualquier otra perspectiva les encanta. Y se ponen atacados de los nervios. Atacados nivel me borro de madre. El día anterior preparando las cosas, luego no duermen de la emoción y cuando te los devuelven están espídicos como si se hubiesen tomado un tripi ¡Ay señor! ¡Qué paciencia!

Eso sí, lo que molan son las excursiones infantiles. No pretendas tú llevártelos de excursión al mismo sitio porque no tiene ni la mitad de gracia. Acabáramos. ¡Pequeños ingratos!

3 Comentarios

  1. Jjajaja me meo con tu resumen.. Nosotros llevamos ya unas cuantas en este primer año, porque el cole es rural y los llevan mucho al campo. Todas han sido sin padres, solo los niños, menos la última, que nos vamos todos a la warner.
    La verdad es que genial, pasado el miedo mio de «la primera vez» me quedo tranquila cada vez que van porque se que le encanta, que todo va bien y que no hay problema. Hombre…tambien influye que en su clase son 6 niños y para la profe cuidar de 6 no es lo mismo que para otras hacerlo con 25.

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