No me he leído el famosísimo libro de Marie Kondo La magia del orden: nunca me ha temblado la mano a la hora de tirar nada. Sé que hay a quienes les cuesta desprenderse de sus cosas, pero no es mi caso. Cada vez que hago el cambio de armario aprovecho para deshacerme de un montón de cacharros, una rutina que ejerzo a diario por otro lado. A mi casa entran un montón de cosas, pero os puedo asegurar que en lo que a mí respecta entran tan rápido como salen la mayor parte de las ocasiones. Me ha venido esto a la cabeza después de ver el revival de las Chicas Gilmore donde la abuela ¡en vaqueros por primera vez en toda la serie! empieza a tirarlo todo ante el estupor de su hija y dice «¿Me hace feliz? Cero feliz. Pues fuera». Hoy quiero reivindicar la felicidad que nos dan algunas cosas. Aún recuerdo el primer ordenador mío enteramente: lo compré usando uno de esos créditos rápidos cuando me acababa de independizar. Recuerdo haber ido a comprarlo y la emoción de tener algo así, de mi propiedad que me hacía una tremenda ilusión.

Aldara

Es cierto que unos somos más consumistas que otros. En mi casa tengo los dos extremos. Aldara no pide muchas cosas pero sí que es verdad que si le dices que tiene dinero para gastarse y le brillan los ojos. Este fin de semana tenía una cantidad para gastar de Reyes y creo que ha disfrutado cada una de las cosas que ha comprado. En cambio Mencía, que tenía el mismo dinero, sólo se ha gastado 20 euros en dos libros que le hacían ilusión y ya. Le preguntaba ¿pero necesitas ropa, libros, algo? Y me decía «Tengo de todo». Cuando la respuesta es ésta ¿Qué vas a decir? Yo creo que tengo que incitar al consumo responsable y si cree que no necesita nada, gastar por gastar no. Es como para su cumpleaños que pidió que no le hicieran regalos. No había nada que le hiciera ilusión y yo estaba de acuerdo con ella: me parecía una mala idea que sus amigas se gastaran un pastón en cosas que ni necesitaba ni le hacían ilusión. Así que le compré cuatro tonterías que me dijo que necesitaba (rotuladores, pinturas y cosas así, sencillas y baratas) y ya está.

Yo no creo que las cosas, per se, den la felicidad. Pero sí que pienso que hay cosas que hacen una ilusión especial y creo que hay que disfrutarlas. Es más, me gusta tener algunas en la mente para darme homenajes de vez en cuando. Nunca he sido una persona de gustos caros. Gastamos con cabeza, ahorramos, tenemos un ritmo de vida adecuado a nuestros ingresos. Vivir de otra manera sería contrario a mi naturaleza y a la de mi marido, que somos de natural bastante previsor. Pero sí que he observado que con los años he cambiado mis hábitos de consumo. Ahora compro menos, pero trato de disfrutarlo más. Antes cuando compraba según qué cosas sufría un poco y me comía la cabeza. En este momento compro mucho menos pero procuro que lo que compre me haga feliz.

Las chicas gilmore

Creo que en esta vida tenemos que ser más disfrutones, lo que no está reñido con tener los pies en el suelo. Nunca podemos prescindir de los dos dedos de frente que hacen falta en la vida. Una familia que llega justa a final de mes por mucho que quieran habrá ciertas cosas que estarán fuera de su alcance, como lo están fuera del mío el tener un casoplón o un deportivo, por poner un ejemplo. Pero a nuestro nivel sea el que sea, creo que está bien el darnos un homenaje de vez en cuando, por más modesto que sea. Es como cuando estás a dieta. Ese placer que te proporciona una sencilla onza de chocolate es el que hay que perseguir, y disfrutarlo, dejándonos de remordimientos innecesarios. Os ponía esta foto porque a mí este poster que me compré hace poco me hace feliz. Me costó quince euros en Etsy y verlo todos los días junto a mí me pone de buen humor. Me recuerda a las chicas Gilmore y me hace feliz. Hace un tiempo hubiese tenido remordimientos de conciencia porque no lo necesitaba pero ahora, a la mierda. No lo necesito, pero lo necesito. Aunque suene raro.

Mi amiga Lourdes de Pintando una mamá siempre dice que ella trabaja mucho y que quiere disfrutar de las cosas que consigue con su esfuerzo, que no tiene ninguna intención de ser la más rica del cementerio. Y tiene razón. Tanto tiempo viviendo con el culo prieto creo que tenemos derecho a disfrutar de nuestros pequeños logros.

No hace falta que nuestra vida esté llena de cosas, pero que las que estén nos den un poco de felicidad. En esta vida que pasa tan deprisa es importante disfrutar de nuestros logros.

3 Comentarios

  1. Estoy absolutamente de acuerdo con lo que dices. Hay ocasiones en las que compramos sin ninguna necesidad. Quizá es mejor comprar sólo aquello que nos hagan felices y gastar el dinero en otras cosas que nos reporten más beneficios: viajar, salir… No por tener muchas cosas es más feliz

  2. Pues sí, estoy de acuerdo contigo, es mejor comprarte algo que te hace ilusión que te mola mucho y disfrutarlo que muchas cosas que igual ni necesitas y que en realidad no te aportan y tampoco las disfrutas.

  3. Totalmente de acuerdo. El método ese no lo he probado, la verdad, soy de naturaleza acumuladora, peo luego voy regalando cosas, o sea que más o menos fluye el chi. Hay que disfrutar de la vida, cada uno a su manera. Yo, por ejemplo, soy feliz comprándome un simple libro o DVD, y mi marido, cosas de deporte o de informática, pues, hombre, no nos vamos a comprar un gimnasio, pero sí que se compró un kayak y lo disfrutamos, pues ya está. ¡Feliz jueves!

Dejar respuesta

Por favor, deja tu comentario
Por favor, escribe tu nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.