Bugaboo by we are handsome      

Por alguna razón tendemos a pensar que a todos los niños les gustan las mismas cosas: no lo hacemos de manera consciente, pero sí sin darnos cuenta. Por ejemplo hace un tiempo vi una publicación en redes sociales en la que un montón de niños jugaban bajo la lluvia tirándose por un tobogán a un suelo completamente embarrado. El comentario generalizado era “oh, cómo me gustaría ser niño para disfrutarlo” “qué maravilla” etc. Bien. Yo me morí del asco, pero es que la niña que fui se moría de asco MÁS aún.

diferente

Cuando era pequeña no había cosa que me gustase menos que ensuciarme. Siempre me ha dado un repelús enorme, desde que era un bebé. Íbamos a la playa y la sola idea de que la arena se me metiera en lugares ignotos me hacía sudar. Pintarme la cara nunca fue una opción para nada. Una vez me tuve que disfrazar de bruja y maquillarme de verde para mí fue todo un mal trago. Esa parte de disfrazarme siempre la llevé fatal. Ahora veo a la gente que se disfraza para Halloween por ejemplo y no sólo se maquillan sino que se ponen lentillas grises para hacer más creíble su zombie. Me dan ganas de ponerme en pie a aplaudirles de lo mucho que se lo curran… Pero hay que aceptarse y saber que yo no seré una de ellas nunca, porque, seamos realistas, yo todavía estoy aprendiendo a usar lentillas desechables normales de vez en cuando. Me encanta verme a veces sin gafas y seamos realistas, algo tengo que llevar para no irme chocando por todos los sitios, así que estoy tratando de aprender.

Para disfrazarme me falta el entusiasmo. Y no creáis que no lo envidio, eh. A mí la gente disfrazada no me resulta ridícula para nada ¡al revés, me parecen geniales! … pero pensar en mí con cualquier disfraz por alguna extraña razón sí que me lo parece. Pues con los niños lo mismo: los hay, que son mayoría, para los que disfrazarse es una gran fuente de diversión y los que pasan cuatro pueblos. En casa tengo de las dos: a la mayor no le ha dado por ahí nunca y la pequeña siempre ha sido mucho más fan. Pero vamos, nada comparado con mis sobrinos que eso sí que son fanáticos. Si por mi sobrino fuera iría al cole vestido de romano o de lo que fuera.

Los niños tienen gustos tan variados como los adultos. Es cierto que hay cosas más o menos universales, pero aún así hay a quienes no les gustan ¡y no pasa nada! El parque por ejemplo suele gustarles a la mayoría, pero hay otros que no se sienten nada cómodos ahí. Las piscinas tres cuartas partes de lo mismo: la mayoría de los niños no saldría del agua, pero otros tienen miedo y se mantienen alejados sin remedio.

Para mí lo importante es hacerles ver que no pasa nada por ser distintos. TODOS tenemos algo que nos hace únicos ¡y si fuéramos todos iguales vaya rollo!. Mis hijas algunas de sus diferencias las llevan bien; por ejemplo ellas saben que les gusta más el cine que a otros de sus compañeros de clase y que van mucho más ¡y se sienten orgullosas de ser distintas! Otras en cambio no lo asumen de buen grado. Recuerdo cuando con cuarenta años me teñí las puntas del pelo de rosa y toda la preocupación de mi hija era que nos iban a mirar y que por qué no podía ser como el resto de las madres.

Y es que es curioso… a veces se nos apodera el gregarismo. Cuando yo era pequeña me acuerdo que me llamaba mucho la atención las ganas que tenía todo el mundo en el cole de dejar de usar uniforme cuando la realidad era que se quitaban un uniforme para ponerse otro ¡iban luego vestidas todas parecidas! A mí me daba bastante igual y me tiré toda la adolescencia llevando faldas.

No pasa nada por ser raros. Sólo hay que construir niños con suficiente autoestima para que eso les dé lo mismo.

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