Bugaboo Cameleon plus      

El fin de semana pasado teníamos un planazo en mi casa: sofá, peli y mantita. Como siempre, mis hijas estuvieron discutiendo sobre qué ver ya que (para variar) lo que le apetece a la una le horroriza a la otra. Al final hice valer los galones que dan la edad y decidí yo, una película navideña tipo telefilm que ponían en Netflix. Ya sé que son muy malas, muy previsibles y muy todo ¡pero a mí me gustan!  

En un momento de la película sale la típica escena de un Papá Noel por el que van pasando los niños a sentarse a sus rodillas e, inocente de mí, les dije a las mías que no teníamos ninguna foto así porque nunca habían querido ponerse. Y fue entonces cuando la pequeña de 9 años dice, así sin cambiar el gesto “Ya, bueno, es que paso de hacerme fotos con un Papá Noel que es falso porque no existe”

Mi cara en este momento fue tal que así:


¡Oh sí! En aquel momento sentí que se rompía la magia de la Navidad en un montón de pedazos. No por esperado fue menos doloroso. Mi hija tiene 9 años y altas capacidades, lo raro de hecho es que a estas alturas no se hubiera olido la tostada. Ya desde el año pasado no hacíamos más que hacerle preguntas capciosas a ver si soltaba prenda ya que no teníamos muy claro si sí o si no; unas veces estaba convencida de que lo sabía y otras en cambio pensaba que ni siquiera se lo había planteado.

Si antes había dudas, ahora ya no, ninguna. Dos cosas me preocupaban mucho. La primera que si se había sentido decepcionada y afortunadamente la respuesta fue un rotundo no. La segunda quería saber cómo se había enterado, si alguien se lo había dicho. También contestó que no. La muy bicho al parecer el año pasado andaba con la mosca tras la oreja y lo que hizo fue pedir algo en Navidad sin decírnoslo a nosotros. Como no le llegó simplemente ató cabos.

Estas van a ser nuestras primeras navidades en las que todos sabemos todo. Es sin duda una nueva etapa en nuestra vida, la prueba fehaciente de que mis hijas se hacen mayores a pasos agigantados. Os diré que tengo sentimientos encontrados. Sé que voy a echar de menos esas caras de emoción absoluta por la mañana cuando ven que milagrosamente el árbol está cuajado de regalos. Era un momento realmente maravilloso y cuando ya saben que somos nosotros y no Papá Noel o los Reyes quienes obran la magia pues no es lo mismo. En todas las casas debería haber alguien que crea ¡es tan emocionante para toda la familia! Es volver a ser niño de nuevo.

Pero yo he decidido tomármelo con filosofía y del mejor modo posible. Ya que es lo que hay, vamos a buscarle la parte bonita. Ahora tengo dos pequeñas elfas que van a ayudarme con los regalos de todo el mundo. Los años anteriores era Aldara la que me ayudaba a buscar los regalos perfectos y este año voy a tener una colaboradora más. Ya estamos pensando en qué vamos a regalar a nuestros familiares y sobre todo ¡lo vamos a poder envolver juntas! Aclararé que para mucha gente ésta puede ser una tarea tediosa pero en casa va a haber bofetadas por hacerlo. Escogeremos el papel, los adornos y nos volveremos locas poniendo los paquetes bonitos. Y otra cosa positiva es que logísticamente va a ser todo mucho más fácil. Todos los años me volvía muy loca tratando de esconder los regalos para que accidentalmente no dieran con ellos. Este año sólo voy a tener que esconder los suyos ¡y será tan fácil como bajarlos al trastero!

La verdad es que me alegro mucho de los años que hemos vivido. Sé que hay algunos que escogen no hablar de Reyes o de Papá Noel y prefieren decir que los regalos los hacen ellos; me parece una opción más completamente respetable aunque no sea la mía. Volvería a hacerlo exactamente igual que lo hicimos y lo disfrutaría hasta el final, sobre todo porque ninguna de las dos se han sentido decepcionadas al enterarse. Entienden que era algo que hacíamos con amor y que era genial porque ellas eran pequeñas. Les he hecho mucho hincapié en que ellas no pueden contarlo a nadie porque los demás tienen derecho a creer, pero no hubiera hecho mucha falta porque me miraron horrorizadas simplemente de sugerirlo.

Mis hijas se han hecho mayores y tengo dos opciones, suspirar por lo que hemos perdido o intentar disfrutar lo que tiene que venir. Siempre es mejor lo segundo porque el pasado ya lo tenemos y lo que no podemos es dejar que el futuro se escape. Yo quiero acompañarles también en esta nueva etapa que seguro que será fascinante. Ya saben que los padres son los reyes, sigamos adelante. 

3 Comentarios

  1. La mía creo que sigue viviendo en la inopia. Por edad, algunos de sus compañeros tendrían que saberlo ya y quizá haber oído algo pero no me parece que sospeche mucho. Y luego nos quedará Mario. Pero tampoco me preocupa mucho, para mí no fue nada traumático saber la verdad y me encantó ayudar a mis padres y seguir fingiendo de cara a mi hermano y a mis primos. Y cuando ya lo supieron todos, no pasó nada, porque todo siguió como antes: seguíamos escribiendo la carta a los Reyes, si queríamos saber si nos regalarían tal cosa, la respuesta era “no sé, a ver qué harán los Reyes”, íbamos a ver la cabalgata, les dejábamos comida y agua a los camellos. Todo, todo igual, y con mucha ilusión. Y así lo haré yo cuando este par crezcan, porque nunca se es demasiado mayor para la magia y la ilusión.

  2. La magia mientras creen es fantastica pero yo recuerdo la ilusion que me hacia cuando ya lo sabia el hacer de reina maga y comprarles alguna chorrada a mis padres con lo que habia guardado de las pagas, y entonces esperar a que mis padres ya hubieran puesto todos y con los ojos semicerrados para no ver lo mio poner los suyos. Aun hoy a mis 40 años el dia de reyes a las 5 ya estoy despierta esperando el momento de levantarse y ver la ilusion en los demas

  3. “Mamá, gracias por haberme guardado el secreto tantos años, porque es muy duro descubrirlo”. Esto me soltó Marcela cuando se enteró, y para ella el momento fue traumático, como que le arrancaban algo que ya no iba a volver. Fue el momento, porque luego lo ha llevado fenomenal, pero lo recuerdo como un momento de muchísima tristeza para ella, qué manera de llorar. Ojalá Bruno aún tarde, porque esa inocencia que va perdiéndose y no vuelve les hace vivir cosas maravillosas. Y a nosotros con ellos.

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